Constelaciones Familiares, Relaciones de pareja

Cómo hicimos esta segunda vez para no separarnos

Era como si el resorte se estuviera estirando y estirando y estirando más y más y yo no quisiera darme cuenta, hasta que un día, a las 9:00 am me llamó Lucas y me dio la noticia: se había reventado! no había nada más que hacer… en la empresa en la que llevaba trabajando más de 6 años estaban haciendo una gran reestructuración y su puesto había sido eliminado del organigrama . . . plop. En ese preciso momento lo supe, entendí por qué no había querido darme cuenta de que estábamos a punto de que se rompiera, y era porque temía que pasara lo peor, que la situación se repitiera y que esta vez no pudiéramos con ella.

El año en el que Lucas y yo nos casamos, ese que debía ser el año de la “luna de miel”, para nosotros no lo fue. Cuando nos montamos en un tren de vida que dependía económicamente en su mayoría del ingreso de él, tuvimos que enfrentarnos a la que en el momento era mi peor pesadilla, la escasez de dinero. Lucas se quedó sin trabajo y nuestro mundo se derrumbó, en gran parte porque las bases de nuestro mundo estaban muy mal puestas, el terreno era muy inestable y a decir verdad, parecía un pantano convirtiéndose en la casa del chupa cabras que iba a por nosotros. Pasamos por meses muy, muy difíciles. El dinero nunca hizo falta, pero nosotros empezamos a vivir parados solo desde el miedo. Empezamos a ocupar lugares que no nos correspondían, yo la mamá y él, el niño travieso. Yo creía que lo estaba amando mucho (y no me mal entiendan, sí lo estaba amando, el problema no era la falta de amor, era la falta de orden en nuestra forma de amar). Me dediqué a salvarlo, a sostenerlo emocionalmente, a dirigir su existencia, como las mamás bien sabemos hacer con nuestros hijos (cuando ellos nos lo permiten) y no me daba cuenta de que yo no sabía ser la mamá de mi esposo, a duras penas sabía ser su esposa. Ese desorden nos llevó a dejar de mirarnos como pareja, a crear un espacio de separación entre nosotros, a poner toda nuestra atención y obsesionarnos con la situación, a respirarla, sentirla, vivirla con pánico y total falta de aceptación, pretendiendo que si poníamos mucho de nuestra parte la realidad iba a cambiar, sin darnos cuenta de que los únicos que estábamos cambiando, radical y abismalmente éramos nosotros. Estábamos siendo muy caprichosos, nuestros amores eran caprichosos, porque aunque no nos sentíamos bien, seguimos haciendo más de lo mismo una y otra vez. No sé cómo logramos sobrevivir, solo sé que nos demoramos mucho en darnos cuenta de que estábamos metidos hasta el cuello en ese pantano y cuando quisimos salir, ya no era tan fácil, la tierra nos había tragado mucho. Necesitábamos que algo o alguien nos salvara la vida, salvara nuestro matrimonio, y así fue como conocí Constelaciones Familiares, la metodología que cambió y salvó mi vida, porque emocionalmente la salvó.

De esto han pasado 7 años, y cuando recibí la llamada de Lucas ese jueves a las 9:00 am diciéndome que su período en la compañía había terminado, inmediatamente me conecté con ese pánico conocido y lejano a la vez, y fue terrible. Durante una hora seguida lloré sentada en el piso de un almacén mientras las personas pasaban y me miraban con consideración o tal vez lástima. Yo solo pensaba: nos va a pasar lo mismo de nuevo, no puede ser … Definitivamente confiaba en que las cosas iban a salir mal. Solo necesité tiempo y un jalón de orejas por parte de Lucas para darme cuenta de lo equivocada que estaba.

Esta vez todo, todo fue diferente. Esta vez no quisimos cambiar la situación, ni quisimos que dejara de existir. Esta vez nos dedicamos a mirarnos y a ver qué éramos, quiénes éramos en la situación. Esta vez nos dedicamos a confiar, con certeza absoluta en que si esto había pasado era porque la vida nos estaba dando un regalo, no nos estaba quitando nada. Esta vez fuimos todas y cada una de las frases cliché y motivacionales que lees por ahí (lee las que publico en mi página de Instragram! @amorescaprichosos). Esta vez en vez de crear un espacio de separación, creamos un espacio para nosotros, para nuestra familia, porque habíamos extrañado mucho a nuestra familia. Ese trabajo del cual mi esposo se estaba despidiendo nos había dado muchas cosas maravillosas, pero también nos había quitado mucho tiempo para nosotros, y ahora nos lo estaba devolviendo. Durante casi un año atrás, estuve pidiéndole al Universo que nos ayudara a encontrar el camino para volver a vivir en Medellín – estábamos viviendo en Bogotá – de la manera más abundante posible y eso fue exactamente lo que la vida hizo, nos regresó a casa, por fin… después de 6 años por fuera, estábamos de nuevo en casa. Ese jueves a las 9:06 de la mañana peleé con el Universo y le dije: qué te pasa!!!! te pedí que fuera de la manera más abundante posible! cómo es que volver sin trabajo va a ser la manera más abundante posible?!!! y cuando me calmé un poco oí una voz dentro de mí, esa que siempre me habla cuando tiene algo sabio que decirme, y me dijo: créeme, esta es la manera más abundante posible . . . yo no tuve otra opción más que creerle. Estuvimos en calma, disfrutamos de la vida tal y como estaba siendo, no nos escondimos ni nos sentimos menos que los que sí tenían trabajo, no hicimos de la situación nuestro centro de vida. Y cuando Lucas consiguió de nuevo trabajo solo sentimos alegría, no hubo un sentimiento de salvación porque nunca estuvimos desolados, es más, sentimos que nos íbamos a hacer falta…

Aprendí que cuando vivo mi vida desde la certeza de estar sostenida por el Universo y vivo cada día conectada con lo que hay, con lo que es, en mi mente no hay pensamientos de sufrimiento, y eso me encantó. Disfruté mucho esta nueva manera de vivir mi vida y sé que para mi familia marcó la diferencia.

Hoy me pregunto cómo hicimos para no separarnos esta segunda vez y encuentro mi respuesta: Durante 7 años hemos hecho nuestro trabajo, amorosa, consciente y profundamente. Nos hemos mirado, nos hemos sanado, nos hemos reconciliado con lo que es, hemos estado presentes con lo que nos pasa y créanme, NO HA SIDO FÁCIL, pero ha valido la pena. Hace 7 años aprendimos que para que funcionemos y sigamos juntos necesitamos que siempre esté el orden primero que el amor, necesitamos ocupar el lugar que nos corresponde como pareja, como padres, como hijos y como amigos. Necesitamos dejar de tratar de salvar a todo el mundo y mirar qué necesitamos de nosotros mismos, salvarnos a nosotros. Dejar el capricho y organizar el amor. Necesitamos poner mucha atención a desde dónde nos relacionamos y por sobre todo, necesitamos tener la certeza – no el deseo, ni las ganas – la certeza de que sea como sea, pase lo que pase, hemos estado, estamos y estaremos bien. Esta vez nos agarramos fuerte porque ya sabíamos lo que podía pasar si no lo hacíamos.

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