Bienestar Consciente, Maternidad, Meditación

Esta navidad fue como una meditación

Soy de una manera que se supone que conozco bien pero creo que apenas estoy empezando a tomar realmente. Controladora… eso soy. Muchas cosas más pero entre ellas, controladora. Con la llegada de Joaquín a mi vida lo he hecho muy evidente, porque la manera como me relaciono con él muchas veces está cargada de este pedazo de mí que viene de mi oscuridad. Sé que viene de mi oscuridad y no de mi esencia, porque para ser sincera no se siente tan bien, y porque cada vez que algo se sale de mis parámetros rígidos en ciertos aspectos, mi corazón empieza a palpitar muy fuerte de una manera que no me gusta. Esa es mi señal, si esto pasa es porque algo no está funcionando. El último año me ha servido para darme cuenta de estos amores caprichosos que mantengo y sobre todo me ha invitado a despedirme de ellos. He podido usar herramientas que me ayuden a gestionar este pedazo de mí que no me gusta tanto. La meditación me ha enseñado a soltar, a reconocer lo que es sin juzgarlo pero tomando decisiones al respecto, a decir “está bien, esto no soy yo, no me define, solo son mis pensamientos y puedo dejarlos ir”.

El control me sirve para muchas cosas pero ufff, sí que me estorba para otras. Esta navidad decidí hacerlo de una manera diferente. No fue por elección libre ni por inspiración celestial, fue porque alguien me hizo saber la manera cómo Joaquín me ve como mamá y realmente no me gustó. Sé que me ve con sus ojos de amor, por ahora sigo siendo su persona favorita, pero es real, me ve como una mamá rígida, basada en la norma y estricta. Cuando lo oí, de nuevo empezó a latir muy fuerte mi corazón y no me sentí bien. No quiero esto para nosotros, al menos no todo el tiempo. Así que después de mi gran malestar y de pararme en mi oscuridad, retorné al amor buscando que no fuera tan caprichoso y desde ahí fue que tomé la decisión: iba a estar presente en el momento y nada más. Iba a poner atención en cómo se auto-regula Joaquín con el dulce, en vez de restringirlo yo. Iba a descubrir cuánto se demora haciendo pataleta, esa que es tan presente a su edad, y descubrir cómo salía de ella con mi compañía, no con mi dirección. Iba a dejar que él me dijera cuándo quería dormirse en vez de decirle que era hora de ir a la cama, para descubrir si esos dos horarios eran muy diferentes o no. Iba a ver cuánto tiempo quería ver televisión y no a decirle cada 5 minutos “Joaco, vas a ver solo media hora, ¿bueno?”. Tuve una muy buena excusa para hacer todo esto y era que estábamos en navidad, lo que me ayudó a ponerle una etiqueta a mis pensamientos prefabricados y darme el permiso de ser diferente sin sentir culpa, pero hubo un momento en el que estar presente en lo que había y ceder el control, dejó de ser un reto para mí y se convirtió en una experiencia compartida que realmente me gustó.

Lo que perdí con mi experimento:
– Que las cosas fueran a mi manera.
– El orden que manejo en mi vida.
– La sensación de seguridad (falsa) que me brinda el control.

Lo que gané:
– Más abrazos y besos de parte de Joaquín.
– Alegría al ver que sí sabe y puede auto-regularse con la comida, con el sueño, con las emociones.
– Satisfacción de saber que algo debemos estar haciendo bien para que esto pase.
– Más libertad, porque la vida iba yendo sin que yo le dijera a dónde ir.
– Una sensación de calma y confianza que no conocía.

Me di cuenta de que los demás todo el tiempo están validando conmigo, con “la mamá”, lo que Joaco puedo o no puede hacer y pensé, ¿realmente esta es la relación que quiero tener con nuestro hijo y la que quisiera que él tuviera con sus tíos y abuelos? ¿Una relación en la que tienen que pasar primero por mí para poder estar con él? Mi respuesta es NO. Creo que me acostumbré tanto a vivir por fuera y a que fuéramos solos los 3, que las decisiones fueran solo de Lucas y mías, que las dinámicas fueran solo para nuestra triada, que no me di cuenta de que al estar en casa, en familia, ganamos tanto que debo también ceder, dejar pasar, dejar que las cosas sean, soltar el control, rendirme ante mi ego y estar presente. No estoy segura de si continuaré siendo así todo el tiempo, pero si sé que la posibilidad está y que ya la probé, me gustó a lo que supo y quiero volvérmela a comer.

Para mí esta navidad fue como un estado de meditación continuo, en el cual miraba mis pensamientos en el río de la mente, me apegaba a algunos, luego volvía a mi centro y los dejaba pasar, una y otra vez. Al final siento que logré algo: me sentí mejor y Joaco fue más libre o al menos con esas gafas pude verlo. Lo mejor de todo es que este experimento me inspiró para hacer lo mismo en muchos otros aspectos de mi vida. Me ilusiona la idea de descubrir cómo más puedo ser y qué más puedo encontrar en esa libertad de ser. Me ilusiona descubrir que al rendirme ante la vida, me gusta más como soy.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s