·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares

Lo que Lorena le hizo a Sofía

Voy a contarles una historia:

Sofia y Lorena son amigas desde hace mucho tiempo. Para Sofía, su amistad era un lugar seguro, era como sentir que pertenecía, que tenía una mejor amiga y que por esto nunca estaría sola. Pero era extraño porque sin saber muy bien por qué, en su relación siempre había algo que no fluía… siempre sintió un espacio vacío en su amistad, en el sentido de que lo que había en su corazón y lo que sentía en su cotidianidad, no eran lo mismo. Para ella, esta amistad tenía tanta fuerza que incluso creía que venían juntas desde tiempo atrás, y por eso se sentía tan confundida cada vez que pasaba algo que la devolvía a un lugar de duda, de decepción. En su corazón hubo una y mil veces decepción. Hoy se pregunta “¿cómo es que durante tantos años no me di cuenta?”. No se dio cuenta de que para Lorena, gran parte de la amistad estaba siendo una carga, una que se había vuelto muy pesada de llevar.

Sofía tuvo que vivir muchas veces estas decepciones para un día entenderlo, y fue como hacer un duelo. Literalmente debió despedirse de la amistad que había creado en su imaginario y darle la bienvenida a la que realmente había disponible para ellas. Muchas veces pensó y sintió “¿pero cómo es que Lorena me hace esto? a mí?? que soy su gran amiga?”. Muchas veces creyó que algo estaba mal con ella, que esa falta de aprobación por parte de Lorena tenía que ver con que ella no era suficiente. Muchas veces sintió que en la relación ella era la que más daba y no se sentía bien, pero seguía encaprichada con la idea de que esta gran amistad debía ocupar el primer lugar. Sentía como ese amor que era muy caprichoso no podía fluir libremente, pero como no lo había entendido todavía, no sabía lo que debía hacer. Su mayor reproche era que ella siempre había puesto a Lorena de primera, que le había dado su lugar, mientras Lorena navegaba en su amistad, tropezando con la expectativa exagerada de Sofía y queriendo escapar, pero rompiéndosele el corazón cada vez que lo consideraba al verla como un perrito pequeño pidiendo cariño.

Sofía llegó a mi consultorio llena de “yo ques…”, yo que he hecho tanto por Lorena, yo que siempre estuve ahí pendiente de ella, yo que siempre la puse de primera, yo que la llamaba para preguntarle cómo estaba, yo que, yo que, yo que… Inmediatamente lo supe, este era un caso típico de desequilibrio en las relaciones y estaba a punto de explicárselo.

Como en todas las relaciones – en todas – en la amistad también se debe cumplir con el principio del equilibrio, que nos dice que activamente debemos dar y tomar de la relación, tomar del otro. No recibir, porque esto es un acto pasivo, es sentarse a esperar qué tiene el otro para dar. Lo que hay que hacer es tomar activamente, buscar aquellas cosas que la otra persona tiene para devolverme cuando yo le doy, y para darme cuando le estoy devolviendo. En culturas como la nuestra, la latinoamericana, nos han enseñado y entendimos que en el dar incondicionalmente está la salvación. Este entendimiento lo único que hace es ponernos en un espacio de reclamo, de cuenta de cobro pendiente y constante, en una dinámica de víctimas y victimarios, de Lorenas que no le dan a las Sofías lo que ellas quieren, necesitan o sienten que merecen. Muchas veces ponemos en la amistad la expectativa de que llene el vacío que tenemos de papá o mamá, o peor aún, de nosotr@s mismos. Muchas veces creemos que al otro le corresponde ser incondicional y llenarme de aquello que ni siquiera yo sé cómo llenar. Muchas veces damos mucho más de lo que estamos dispuestos a tomar, para ponernos en ese buen lugar de servicio, de entrega, y ahí es donde nacen los “yo que”, ahí en donde equivocadamente empezamos a sentir que algo está mal con nosotr@s porque nuestra gran amiga no es tan incondicional como lo soy yo, y por lo tanto no merezco su amor legítimo. Ahí es donde el amor se vuelve caprichoso y no fluye.

Recorriendo este camino de auto-aprendizaje, Sofía y yo pudimos llegar a la pregunta más importante en el asunto y era ¿a quién estás buscando en Lorena?… Sofía abrió los ojos y luego, lo recordó… recordó ese momento siendo una niña en el que se sentía muy sola y tomó la decisión que conseguirse una mejor amiga, vio a Lorena y se encaprichó con que ella ocupara ese lugar, creyendo que así nunca más se iba a sentir tan triste. Creía que Lorena se encargaría de llenar su soledad, que ella también debía tener aquello que veía que todas tenían y que como no había resultado espontáneamente, debía ir a por ello. Sofía recordó que lo que quería llenar era su sentimiento de soledad a muy temprana edad y entendió que a quien buscaba en Lorena era a su mamá, y en parte a ella misma. Sofía pudo asentir ante lo que había y lo que era, y pudo poner a Lorena en un buen lugar. Me dijo que estaba lista para reconstruir la relación, y empezar a vivirla sin siquiera comunicárselo a su amiga. Iba a empezar a relacionarse desde otro lugar, uno en el que tomara de lo que Lorena si era, no de lo que quería o necesitaba que fuera. Desde un lugar en el que supiera qué podía tomar de ella y en donde empezaría a soltar su fantasía romántica de la “mejor amiga”, para replantearla como una amiga muy especial.

Con este cambio en la percepción y en la emoción, Sofía se sintió libre y menos avergonzada, porque entendió que no había nada malo con ella, y que lo único que había que cambiar era su manera de ver… al ponerse estas nuevas gafas, con las que podía ver lo que había tal y como era, encontró paz y soltura, y este amor de amigas fue dejando poco a poco el capricho.

Nota aclaratoria: La anterior es una historia producto de la ficción, acompañada de los principios básicos de Constelaciones Familiares. No estoy compartiendo ni revelando información privilegiada de mis consultantes.

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