·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Maternidad

Lo que mis papás me dieron, fue diferente a lo que yo tomé

En mis charlas esta es una de las frases más importantes. Marca la diferencia completamente. Yo creía haberlo entendido cuando me certifiqué en Constelaciones, pero realmente me entró por el cuerpo y lo sentí en el alma al vivirlo de manera contraria. Cuando entendí que Joaquín está tomando de mí otras cosas de las que yo le estoy dando, se me hizo un nudo en la garganta, y la verdad, quise llorar. Porque me he esforzado tanto en darle lo que creo que es importante para él, para que crezca sintiendo que este es un mundo seguro, para que se sienta un niño amado y completo; que cuando vi que no necesariamente todo lo que hago él lo toma tal y como se lo entrego, sentí miedo y desilusión… ufff, si que me dolió cuando lo entendí!

Y no es que nuestro hijo tome a una mamá diferente a la que soy, sino que lo que interpreta de lo que soy es diferente a lo que yo le doy.

Cuando estoy más o menos en el minuto 10 de mi charla, empiezo con un montón de supuestos reproches hacia mis papás, cuento cómo hicieron tales cosas y cómo me hicieron sentir, el dolor que me causaron. Inmediatamente veo en las caras del público una expresión que conozco muy bien, la de auto-lástima, porque se conectan con lo que ellos también dejaron de recibir, con lo que les quedó faltando, con sus propios reproches. Se conectan con sus más grandes amores caprichosos, que fueron los míos algún día también. Y es ahí (a propósito completamente) que me detengo y les digo: “aquí quiero hacer una aclaración muy importante, de las más importantes de mi vida: lo que mis papás me dieron fue muy diferente a lo que yo tomé”. El público simplemente asiente. Lo han entendido.

En Constelaciones hay una frase que me ha gustado mucho pero que se me dificultó bastante cuando me la enseñaron y es “nos convertimos realmente en adultos el día que dejamos de hacerle reproches a nuestros padres”. ¿Qué difícil, cierto?… Y es que estamos llenos de reproches, por lo que hicieron, sobre todo por lo que no hicieron, por cuando se pusieron ellos de primeros, por cuando sentimos que no nos miraron, por las veces que nos paramos enfrente de ellos para que nos llenaran el vacío y no pudieron hacerlo – o no pudieron verlo -, por las veces en que gritamos que algo nos pasaba y lo hacíamos con una enfermedad, o un accidente, o un comportamiento grosero, o simplemente manteniéndonos en silencio, deseando, implorando que por favor nos entendieran y nos salvaran, que cumplieran con su papel de super-humanos y se hicieran cargo de aquello que estaba siendo tan pero tan difícil para nosotros, y simplemente no estuvieron ahí. O, tal vez si estuvieron, todo el tiempo, mirándonos, con su atención puesta en mantenernos en la vida, sufriendo un poco porque sabían que la batalla era nuestra y que para que pudiéramos crecer debíamos pelearla nosotros mismos, contemplándonos en silencio y respirando cada vez que veían que nos caíamos, físicamente al piso o con el corazón quebrado en mil pedazos, con nuestros dramas y dilemas del crecer, con nuestra necesidad de pertenecer, con nuestro rechazo por el sistema, con nuestra ignorancia en el amor… Con todo esto y más, con lo que vimos y nunca recibimos, con lo que creíamos tener pero era solo una ilusión y con lo que queremos olvidar por siempre por lo mucho que nos dolió… Con el desorden en el amor, con el desequilibrio cambiante y con el reproche constante… Así, estuvieron ellos, desde el primer momento en el que fuimos solo una ilusión en sus pensamientos, o un accidente con sentido. Desde la primera vez que nos sintieron, nos olieron, estuvieron aterrados del miedo porque llegamos y extasiados de la alegría porque por fin estábamos aquí!!!, desde la primera noche que nos abrazaron y nos dijeron que ahí estaban para nosotros, y las millones de veces más que lo hicieron, que nos contuvieron, que nos susurraron al oído que todo iba a estar bien, y muertos del susto no sabían si todo iba a estar bien o no, pero nos lo dijeron porque ellos eran los grandes y era lo que tenían para darnos… Desde esa primera vez que se nos rompió el corazón porque no hicieron lo que queríamos y ellos simplemente estaban tratando de sobrevivir, y de paso de mantenernos en la vida. Desde siempre, por siempre, nos han dado lo que han podido, lo que han tenido para darnos, lo que recibieron, mucho más de lo que a ellos les dieron, lo que han tenido adentro para nosotros y ha sido mucho, mucho, mucho más de lo que se dieron a ellos mismos… Hasta el fin de los días querré darle a Joaquín mucho más de lo que soy capaz y de lo que él tomará de mí, porque esto que llamamos hijo – con un sentido de propiedad – tiene un propósito superior a mi deseo de dar y del de él de tomar, y en ese propósito es que él se está construyendo y moldeando para ser lo que vino a ser a este mundo, tal y como yo soy lo que soy gracias a todos y cada uno de esos reproches y momentos en los que a mis padres he querido decirles y les he dicho, les he gritado ¡NO ME GUSTÓ LO QUE HICISTE!, y es por cada uno de esos momentos que hoy estoy completando el rompecabezas de mi vida para seguirme presentando ante ella tal y como soy. Sin esos momentos y pequeños millones de vacíos que dejaron en mí, yo no sería la mujer que hoy soy, no tendría la historia que tengo para contar, no podría adueñarme de mi propio camino de sanación y no podría manifestar mi propósito de vida con tanta claridad como lo hago hoy.

Sin su dolor no hubiera habido salvación. Así que sin quererlo tendré que seguir creando pequeños de millones de vacíos en el corazón de Joaquín… Y a ellos dos, a mis padres solo tengo una cosa más para decirles: GRACIAS.

2 comentarios en “Lo que mis papás me dieron, fue diferente a lo que yo tomé”

  1. Me uno al Gracias para mis padres por lo que hicieron, por lo que no, por lo que pensaron que era mejor, por todo lo que falta por hacer !! ! Gracias, gracias, gracias !!!

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