·amores caprichosos·

Cómo he logrado recobrar la calma

“No la tuve. Créanme. Me sentí muy fuera de mi centro y me pregunté ¿será que no tengo lo que se necesita para estar al otro lado, al lado del amor? Después de tantos, tantos años de estudio, aprendizaje, de interiorizar esto de saber que nada nos puede atacar, que somos más que el cuerpo, que esto también pasará, que la vida tiene un plan y un propósito mayor y que solo debo rendirme y confiar en él, en miedo se apoderó de mí… me sentí desvalida y sin fuerzas, quise desconectar el cerebro y volver a conectarlo cuando todo hubiera pasado… pero después de un día conmigo misma regresé, regresé al amor y ahora estoy aquí”

Esta entrada la empecé a escribir ayer. Ese primer párrafo era dónde me encontraba pero hoy, todo ha sido diferente. Me desperté y sentí de nuevo el peso del mundo, el dolor del mundo, pero sobre todo, el amor del mundo… Creo que es por eso que me siento tan confundida, porque todo lo que hay está siendo demasiado: demasiado miedo y demasiado amor al mismo tiempo. Nunca en mi vida los había sentido a los dos convivir tan de cerca y tan intensamente, y me doy cuenta de nuevo de que lo que pasa es que son lo mismo. Lo he escrito mil veces aquí, lo he dicho mil veces más: el miedo no es más que la forma más caprichosa del amor, pero esta vez me está entrando por las fibras y tenerlos tan juntos, lo único que me hace es llorar.

Y por fin me eché a llorar.

Todo este asunto que estamos viviendo lo he experimentado como las fases del duelo. Empecé en la negación, negué que el virus fuera a crear tanto impacto en la humanidad. Me concentré durante meses en su ridiculez, en su supuesta procedencia, en su real ligereza (después de todo no es más que una gripa, la misma que nos ha dado a toda la humanidad por todos los años de la vida), me concentré en las fuerzas ocultas que han movido este circo y me quedé allí hasta el domingo pasado. Luego, la ira y la negociación pasaron rápidamente por mi cuerpo cuando bajaba del aeropuerto en el carro hasta llegar a mi casa y empecé a decidir cómo era que iba a vivir esta situación desde la logística familiar, aún no me había calado por los huesos. Y llegó la depresión… la noche del domingo y todo el lunes fueron para mí de los días más tristes de mi vida, sentí física, literal tristeza por el mundo, por todos. Sentí la tristeza de todos dentro de mí, no era mía, era la de todos. Me di cuenta una vez más cómo todos somos uno, porque en este “uno” estaba sintiendo el “todos”. Hasta el momento no he temido por mi vida ni por la de mis cercanos, sé que vamos a estar bien, así que el dolor no viene de allí. Viene de ver la revolución y cuando la veo es que encuentro tanto tanto amor. Está ahí manifestándose en cada esquina, en cada célula – con o sin virus – en cada pedazo de nuestro ser, todo está lleno de amor y eso me sobrepasa.

Después de oír mantras de Kundalini todo el lunes, meditar 3 veces y tomarme una tarde para entrar en mi misma, pude encontrar la calma. La calma está dentro de mí y en la cara de Joaquín. Es maravillosamente hermoso ver a mi niño tan feliz, tan gozoso, tan alegre, tan adaptado, tan inocente, tan presente, tan real. El mundo se le está cayendo enfrente de sus pies y él solo ríe, saluda con “codito” a todos menos a Lucas y a mí, a nosotros nos abraza fuertemente, disfruta de estar en casa. ¡Es maravilloso! En su existencia solo veo calma y gozo. ¿En serio se nos está haciendo tan difícil de entender que de eso se trata? solo tenemos que ser más como ellos…

Y hoy por fin me eché a llorar… llevé a Joaco a donde sus abuelos para pasar la tarde, porque ahora ellos son los que deben estar aislados, pero creo profundamente en que ante el aislamiento físico, el calor emocional es fundamental, y que las defensas suben en presencia del amor y las risas. Eso es Joaquín para ellos, todos estamos bien de salud, todos hemos acatado las normas, todos nos estamos lavando mucho las manos, así que ahora debemos llenar el corazón de nuestros padres y abuelos. La tarde con los abuelos era un sí absoluto… Volví a mi casa, me bajé del carro, miré mi celular y encontré un video que una gran amiga me mandó. Decidí verlo porque confío en que lo que me envía me aportará, si viene de ella así será, empiezo a pensar y recordar que debo lavarme las manos tan pronto entre a mi casa – antes de cualquier cosa -, comienzo a ver el video y no me queda otra opción… rompo en llanto, rompo en amor, el amor me desborda, lloro y lloro y lloro más, lo saco todo de mí y mientras lo hago pienso ¿por qué estoy llorando? no encuentro respuesta, más que estoy llorando por todos, porque en este “uno” estamos “todos”. Suelto complemente cualquier capricho, lo suelto todo literalmente, mi bolso, mi celular, mi postura, mis lágrimas, todo… y tomo la mejor decisión que he tomado en los últimos 5 días: me rindo.

Me rindo ante el mundo, ante la supremacía de la tierra y de la naturaleza, me rindo ante mis miedos y los colectivos, me rindo ante mi dolor y el de todos, me rindo ante el sobrecogimiento del amor de todos, me rindo ante la vida, me rindo y recuerdo que no tengo ni idea esto en qué va a resultar, pero yo confío, confío en que vamos a estar bien, como siempre he confiado, confío en que aquí el plan es superior y que por lo tanto es perfecto. Confío en que no tengo idea de la solución pero sé que está llegando, a medida que nos pausamos, que paramos, que nos miramos, que nos metemos adentro (porque literalmente no podemos distraernos más con el afuera), y miramos lo que somos, qué somos, ¿qué somos?. A medida que nos cuestionamos qué rayos está pasando y sabemos que sea lo que sea, es lo que necesitamos. A medida que veo tanto, tanto amor en los balcones de Italia, en las canciones de España, en los memes contagiados de risas, en mi gato que se echa a mi lado a acompañarme a llorar, en la lista de mercado que hago para comprar lo que mi mamá necesita en su casa – porque ahora es ella la que necesita pedir favores y tomar de la humanidad -. Y yo solo lloro y pienso en que este es el momento en el que debo sentarme a escribir esta nueva entrada, es ahora que soy complemente vulnerable y real, es ahora que soy lo que siempre he querido ser en · amores caprichosos ·, es ahora que sirve…

La tierra está ayunando y de los ayunos siempre sale algo bueno. Yo seguiré jugando este juego, siendo jugadora y observadora al mismo tiempo. Es el juego de lavarme las manos, quedarme en casa, no trabajar tanto, no dar tantos abrazos, amar y demostrarlo. Yo seguiré aquí confiando en el plan mayor y seguiré buscando en la risa de Joaquín todo lo que necesito. Mañana celebraré mi cumpleaños #35 de una manera muy inusual, pero celebraré la existencia de mi ser y la vida que aún se me está dando. El viernes celebraré el cumpleaños #3 de Joaquín y encontraré en la calma, todo lo que necesito. Seguiré procurando quitarle el capricho al amor

2 comentarios en “Cómo he logrado recobrar la calma”

  1. Todo va a estar bien ! Hace bien leerte, gracias siempre te lo digo, pero hoy lo digo más fuerte tu energía, tus palabras, tu sensibilidad , tu forma de ser y ver el mundo hace bien ! Todo va a estar bien !

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