·amores caprichosos·, Maternidad

El control: herramienta que usa el miedo para triunfar

¿Son estos tiempos una desgracia? Diría que no, para mi definitivamente no. Así como dice mi último Story en Instagram “Porque el desastre más grande sería que una crisis de semejante magnitud nos deje intactos”, eso si sería una desgracia. Pero claro que he vivido momentos en los que he sentido poca gracia en mi vida, he sentido miedo y le he metido el acelerador al control, para ver si de alguna manera lograba sacar la cabeza y no ahogarme en mi sentimiento de soledad y angustia. Estos, afortunadamente, no han sido de esos tiempos.

Cuando estuve viviendo en Ecuador me enfrenté a un sentimiento que nunca antes había sentido: miedo a estar sola. Desde que tengo memoria me ha encantado la soledad, comer sola, ir a cine sola, manejar mi carro por la carretera mientras oigo música y canto muy duro, sola. A Lucas le ha parecido siempre de lo más extraño. Cuando estábamos en la universidad y no éramos novios, me encontraba en algún lugar desayunando y se me acercaba con una cara de absoluta preocupación por mi salud mental a preguntarme: «¿qué estás haciendo aquí a las 8 am sola»? Creo que esperaba una respuesta un poco más coherente para el que «nada, quería manejar y vine a comer algo… sola». Así que como lo pueden ver, la soledad y yo hemos sido amigas íntimas, claro, en ella es que he podido refugiarme siempre para ser la auténtica yo que les he contado tanto trabajo me ha costado mostrar al mundo, y allí, conmigo misma, nunca hubo juicios ni comparaciones. Pero todo fue diferente en Ecuador.

Había terminado hacía poco mi certificación en Constelaciones Familiares y había entendido muy bien esto acerca de la tribu, del clan, de lo que la familia nos hala, de la necesidad de pertenecer a ella. Sin embargo existía un gran deseo en mí de irme lejos, así que nunca me lo esperé. El instante en el que vi que la prueba de embarazo decía positiva yo solo quise una cosa: a mi familia, mi clan. Era rarísimo, ¡rarísimo! esto nunca me había pasado, y allí me encontraba pensando ¿cómo voy a hacerlo sola? Lucas tenía un trabajo en el que viajaba todas las semanas y yo, estaba a puertas de tener un hijo con mi amiga, la soledad.

Así que sin darme cuenta le metí el acelerador al control. Empecé a querer controlar todo lo que pasaba en torno a mi embarazo, cada sensación, la información que recibía, el médico que me atendía, lo que comía, las decisiones que tomaba, lo que oía, cómo me sentía, lo que leía, todo, todo, todo. Porque esto es lo que pasa con el control y el miedo:

Nuestro cerebro está diseñado para estar alerta y cumplir una sola tarea, la de sobrevivir. Pase lo que pase, así haya sufrimiento, incomodidad o dolor, el cerebro hace lo que sea con tal de sobrevivir. Por lo tanto, odia cualquier situación que sea nueva porque no la conoce, no sabe si sobrevivirá y quiere evadirla. Tiene un excelente instrumento para lograr su cometido: EL MIEDO. Es el momento en el que el sistema de pensamiento egóico saca sus garras y empieza a procesar toda una estrategia de avance. Utiliza recuerdos, estados de ánimo, frases debilitadoras, escenarios catastróficos, sensaciones corporales, etc, para inundarte de miedo. Se encapricha tanto tanto que el amor no aparece por ningún lado, pero te hace creer todo lo contrario. Hay otro pedazo de la mente que empieza entonces a lidiar con el miedo (porque para hacerlo aún más difícil, a la mente tampoco le gusta el miedo). Tenemos un sistema de pensamiento (que también viene del ego) que nos dice que no podemos sentir miedo, que el miedo es malo, que es nuestro enemigo. Pero la situación es tan terrorífica y la batalla entre el ego y la luz es tan difícil, que sin darnos cuentas nos quedamos nadando en sus aguas. Entonces aparece el control. El control cree que poniendo orden, manejando todo lo que entra y sale, considerando todos los posibles escenarios para poder adelantarse a ellos, controlando la situación, a las personas involucradas, los sentimientos asociados, puede ganarle al miedo… pero esto no es cierto. Al miedo el único que le gana es el amor, la luz, la esencia.

Yo estuve los primeros dos años de la vida de Joaquín nadando en las aguas del miedo y del control de manera muy profunda. Sabía que se tratada de mi miedo a hacerlo sola, de mi falta de clan, pero realmente no sabía cómo hacerlo diferente. Al menos en el control encontraba alguna maniobra. Quise controlarlo todo tan fuertemente que me desgasté profundamente, siento que mi alma se desgastó. Miro para atrás y recuerdo la intensidad de mis pensamientos y mis deseos frente a lo que pasaba con cada cosa suya. Solo había soledad, miedo, nada más… Cuando regresé a Medellín todo desapareció. Por supuesto algo queda de esa forma de actuar, pero puedo ver como soy diferente, ahora que el miedo ya no está.

Entonces la propuesta es la siguiente: Cuando veas que en tu vida lo que está gobernando es tu deseo de controlar a las personas, las situaciones, los resultados, las emociones asociadas, reconoce y date cuenta de que lo único que hay ahí debajo es miedo, es decir míralo de frente. El miedo no es malo, el miedo es nuestro puente para llegar a la luz, es de los mejores amigos que podemos tener si sabemos tratarlo bien. Identifícalo, pregúntate ese miedo a qué es y una vez tengas esa respuesta, métele el acelerador a tu intención de retornar al amor, de quitarle el capricho, de soltar, soltar, soltar. Entrégalo a la divinidad (cualquiera que sea la tuya) y déjalo allá con la intención de que se resuelva como corresponda. Y luego, espera.

A mi me sirve mucho decir la siguiente frase: «Universo, Espíritu Santo (recuerda que es la divinidad que habita en ti y que sabe siempre recordarte el camino para retornar al amor), te entrego esta situación porque no sé qué hacer con ella. Por favor, haz lo que corresponda y lo que sea mejor para todos».

Espero que a ti también te sirva.

2 comentarios en “El control: herramienta que usa el miedo para triunfar”

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