·amores caprichosos·, Espiritualidad

Una y otra vez, retornando del miedo al amor

Hay un libro espiritual que se llama Un Curso de Milagros. Soy estudiante de este libro. Llevo la vida entera metida en él sin saberlo.

Siendo muy pequeña, probablemente con 8 años, empecé a vivir una experiencia de vida que dictaría cómo sería, y yo no sabía lo que me estaba pasando. Me la pasaba metida en la casa de una amiga tratando de descifrar la vida, y mientras jugábamos, hablábamos, pasábamos por nuestras tristezas y dolores, alegrías y añoranzas, su mamá estaba muchas veces sentada cerca a nosotras oyéndonos, siendo espectadora de nuestra existencia inocente e ilusoria y de repente, sin que nos diera tiempo de prepararnos, intervenía con una frase o reflexión que nos hacía explotar el cerebro. En esta casa no estaba permitido ser a la ligera; podíamos ser lo que quisiéramos, pero no a la ligera, no sin darnos cuenta. La regla de oro era la consciencia, el darnos cuenta de lo que decíamos, cómo nos sentíamos, lo que queríamos. En esta casa me enseñaron a empezar a quitarle el capricho a los que apenas se estaban formando como mis amores.

Fueron muchas, muchas las veces que me sentí abrumada y encantada a la vez por los pensamientos a los que me llevaba esta mujer. Yo estaba muy chiquita para esto, sin embargo era como si ella hubiera sabido que mi amiga y yo teníamos con qué hacerlo, como si hubiera sabido que por más niñas que fuéramos, el potencial de la paz estaba dentro de nosotras, pero teníamos que descubrirlo viviéndolo.

Había un mensaje claro y era el principal, después de este venía todo lo demás: Hay dos emociones principales en la vida, el miedo y el amor. Todos las otras, todas, se derivan de estas dos. Puedes buscarle la caída a esta ley, y no la encontrarás.

Siempre volvemos a lo mismo, o nos relacionamos desde el miedo o nos relacionamos desde el amor. Esta maravillosa mujer me enseñó a ponerle intención a mis pensamientos, a conocer qué habitaba en ellos, a elegir de nuevo, a saber que tenía el poder de cambiarlos, a entender de dónde venían los que me limitaban y a potencializar los que me ayudaban a avanzar. Me enseñó que afuera no hay nada, no hay culpas ni responsables, que todo está adentro. Me enseñó a ir adentro a punta de reflexiones que iban desde el por qué no me gustaba pintarme las uñas (yo decía que era un asunto muy femenino y no cabía en él), hasta cuáles eran los permisos que tenía para ser lo que quisiera ser. A esta mujer le agradezco infinitamente haber puesto ante mis ojos estas gafas con las cuales aprendí a mirar la vida. Honro profundamente sus enseñanzas, aún creyendo que ella no las recuerda.

Desde mis 8 años estoy metida en El Curso de Milagros sin saberlo. Hace como 5 años abrí el libro por primera vez y empecé a leer ese lenguaje indescifrable e inalcanzable para la mente gobernada por el ego. Unos días después estábamos en la mesa del comedor de mi amiga y su mamá me contó que eso era lo que nos había estado enseñando siempre…

Abres el libro de carátula azul y dice: “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios“. Allí empieza todo, en el entendimiento, en la certeza de que solo somos una cosa y es amor, el amor de Dios (o de la divinidad, o de lo que sea con lo que te conectas). Es lo único real y no puede ser amenazado, porque, ¿qué amenaza al amor? ¿el miedo? No, ni siquiera el miedo, porque el miedo se acaba cuando le metes amor, pero el amor nunca puede acabarse, ni siquiera en la presencia del miedo.

Todos buscamos una sola cosa, cada humano en la tierra busca lo mismo y es sentir paz. Algunos buscamos esa paz en acciones llenas de amor y muchos otros en acciones poco amorosas, pero todos buscamos lo mismo. Lo bonito del cuento es que para encontrarla lo único que necesitamos es un cambio de percepción frente a cualquier situación que se esté presentando y a esto se le llama Milagro.

El verdadero Milagro es este, aquel que está al acceso de todos y que se convierte nada más que en la posibilidad de quitarse las gafas del sufrimiento y ponerse otras, en donde la situación es la misma, pero el filtro con la que la ves ha cambiado. Como nos enseña Constelaciones Familiares, lo que hay que hacer es rendirse ante lo que hay, asentir a lo que fue, ir allá y mirarlo de manera diferente, de una que sea útil y amorosa. Es decir, es lo mismo…

Durante los 54 días que llevamos en casa, en un aislamiento social dictaminado por el miedo, creado con el filtro del miedo y gobernado por el miedo, he tenido que tomar la decisión consciente de encontrar la manera de retornar al amor, a uno sin capricho, de regresar a lo que realmente soy, de crear un nuevo patrón de pensamiento, un cambio en él, en la percepción que tengo de la situación. He decidido estar adentro y encontrar la paz que de alguna manera sé que habita allí, caer mil veces, muchas horas, para seguirlo intentando muchas veces más. Para volver a intentar llegar a mi mundo mágico rosado en donde lo que se siente es la presencia del amor.

He fallado más de 54 veces. Y al mismo tiempo, he triunfado porque a diferencia de las otras veces que me he sentido prisionera de la vida, esta vez pude rendirme desde el primer día e incluirlo todo, todo el amor y todo el miedo. Esta vez no quise que desaparecieran. Esta vez pude vivir el minuto a minuto y cambiar mil veces, para volver a estar aquí sentada escribiendo este blog en el escritorio de mi consultorio, como hace 56 días lo estaba haciendo.

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