·amores caprichosos·, Espiritualidad, Relaciones de pareja

La autoestima y los pedidos al Universo

Ayer alguien me pidió mi ayuda para mirar un asunto y tratar de encontrar el enredo, el pensamiento limitante. Después de darle la vuelta nos dimos cuenta de que se trataba de un tema muy recurrente no solo en mi vida, sino también en mis consultantes y amigas (es más evidente en las mujeres que en los hombres, sin querer decir que a los hombres no les pase). El tema: La autoestima

Mi experiencia con este tema ha sido amplia. Desde muy pequeña me decían que tenía baja autoestima y que debía quererme más. La verdad yo nunca entendí bien esto porque no sentía que no me quisiera, y si las dos cosas se suponía que venían juntas, entonces empecé a asumir no solo que no me gustaba como era, sino que además no me quería a mi misma… Fue más o menos como un pensamiento fabricado y depositado en mi mente y allí estuvo por mucho tiempo – a veces todavía ronda por ahí

La pregunta que me hicieron fue: “Llevo varios meses pidiéndole al Universo que me de un trabajo de tales características, pero en el momento en que pido que sea remunerado es como una adición que no logro pedir siempre, y siento que lo pido con miedo. Algo así como una sensación de no merecimiento por el pago. ¿Cómo hago para cambiar el pensamiento?”. Para empezar a revisarlo mi primera pregunta fue: ¿Para qué quieres que te paguen, cuál es tu intención con el pago?.

No fue muy fácil para ella tener claridad, y bailó entre las ideas de que quería sentir que su trabajo valía, su esfuerzo, su compromiso; luego me dijo que lo que quería era poder comprar cosas, viajar y ser independiente económicamente (está casada y en este momento el dinero que reciben por el trabajo de su esposo, es el que usan para vivir); después se trató de querer retribuirle a su esposo toda la generosidad que ha tenido con ella durante los meses que no ha estado trabajando, hasta que por fin llegamos al sentimiento real, al que está por allá muy adentro, ese que algunas veces nos da miedo o vergüenza mirar, o que no tenemos el permiso para hacernos cargo de él: “NO QUIERO SENTIRME UNA MANTENIDA Y QUE LA GENTE PIENSE QUE EL QUE VALE ES ÉL PORQUE ES QUIEN PONE LA PLATA”, me dijo…

¡Muy bien!” le dije yo. “Hemos llegado“.

Claro que entiendo el sentimiento, yo he estado ahí en los últimos 10 años de mi vida. Aún cuando tenía un sueldo fijo con muchos beneficios, lo sentía. Sentía como dentro de mí había esta sensación de inequidad porque Lucas ganaba mucho más que yo. Pero me reusé! me reusé a sentirme menos y me di cuenta de que las condiciones no podían hacer que fuéramos iguales económicamente. Para empezar, el es hombre, 6 años mayor que yo y enamorado del trabajo empresarial. Yo soy mujer (y no nos digamos mentiras, pesa), 6 años menor por lo tanto por siempre más junior que él laboralmente y cero, cero enamorada del trabajo corporativo. Estas eran solo las ideas prácticas en el asunto pero habían muchas más y de más valor. Así que 10 años atrás, cuando nos preparábamos para casarnos y definir las finanzas familiares, decidí que no me iba a montar en el tren de la estima a través del valor que le daba a los billetes. ¡No señor!.

Cuando digo que he estado ahí es porque en los momentos en que mi amor propio está tambaleando me agarro del condicionamiento social que dicta mi tendencia a retornar a este lugar, pero rápidamente sé salir de ahí. Me encontré con un poco de resistencia al principio, pero como el gran maestro que ha sido Lucas en mi vida, me enseñó que mi tarea si era posible de lograr. En nuestro matrimonio, ha sido de los pocos inconvenientes que hasta ahora no hemos tenido, y confío en que gracias a nuestra mirada al respecto, nunca lo tendremos – que así sea

Así que entendiendo el sentimiento de esta mujer le dije: Mira, al Universo le importa cinco que tu te sientas menos porque ganas menos, que estés preocupada por el qué dirán, que sientas que debes igualarte financieramente para ser reconocida por tu esposo o que quieras demostrarte que vales porque ganas dinero. Esa no es la manera de operar del Universo, porque es una energía expansiva, amorosa, abundante e infinita, entonces ese idioma es desconocido para él. Es por esto que no logras pedir el dinero de la manera adecuada y el Universo no logra dártelo. Cuando le hables de una manera que lo entienda, que esté alineada con el amor, cuando le quites el capricho a tu idea del dinero, recibirás lo que quieres.

El problema que veo que le pasa y mediante el cual empezamos a ver la solución, es que ella se está valorizando a si misma a partir de cuánto gana. Quiere encontrar el equilibrio en su relación – que es fundamental para hacer que funcione – pero en función de la plata. Está usando el dinero y su energía para alimentar un vacío que tiene, el de no sentirse suficiente, y al hacerlo con esta intención (por eso mi pregunta inicial), el dinero no está ahí para ella. Yo ya lo sabía pero quería que ella lo viera. Al final me dijo: “Definitivamente mi “problema” es mi autoestima”… y ahí también está la solución.

¿Cuánto vales?, ¿qué es lo que le das a la relación?, ¿de qué manera aportas para ser ese par en la pareja?, ¿qué tienes que es único que pones al servicio de la relación y que la nutre? Si la respuesta es dinero, evalúalo, porque este es muy efímero, no es sino que llegue una pandemia mundial para darnos cuenta de que se puede ir fácilmente – o no – pero si la respuesta es cada uno de los valores y cualidades que tienes como persona, que hacen que seas maravillosa y que los pones ahí, todos los días en la relación, para que el otro goce de ti y tu puedas tomar del otro, buscando un sano y amoroso equilibro, puedes tener 1 peso o millones, y es lo mismo. Ahora, al margen de esta intención y de este lugar, puedes desear y buscar tener todo el dinero que quieras! para gastarlo, para compartirlo, para comprar la casa que quieres, para comprar cosas para ti, para dar regalos, para sumarle a la bolsa familiar y que juntos sean más, para gozar, disfrutar y usarlo abundantemente, expansivamente.

La única tarea aquí es estimarte tanto, saber que vales tanto, que el resto llega solo.

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