·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Maternidad

Llevamos más de 50 años extrañándote abuela

A mi mamá le hizo mucha falta su mamá. Es algo con lo que hemos tenido que vivir todos, y digo “hemos” porque también lo he vivido yo, mis hermanos, mi papá, mis tíos, todos. Cuando mi mamá era adolescente a mi abuela la diagnosticaron con una enfermedad que en su momento no se podía tratar y que le regalaba tan solo 6 meses de vida. Un día todo cambió para la familia. Yo no había nacido, ni siquiera estaba en planes y todo había cambiado para mí también.

En el momento en que recibieron la noticia y sentaron a los 4 hijos en la sala de la casa a comunicarles lo que estaba pasando, el rumbo de la historia de nuestra familia cambió para siempre. ¿Puedes imaginar lo que sintieron al oír las palabras que decían que tenían solo 6 meses para disfrutar de la presencia de su mamá? ¿Puedes imaginar lo que pasó por su cabeza al darse cuenta de que dentro de 6 meses, dejarían de tener a aquella mujer que era la que les daba soporte y vida? ¿Puedes imaginar lo que significó en su emoción y en su desarrollo entender que esto estaba pasando? Me he encontrado con esta historia varias veces en el consultorio, he trabajado con personas que sí han podido imaginárselo porque lo han vivido, y cada vez que vuelvo a la historia, hago la misma conexión: para mi mamá, mis tíos, mi abuelo, mis hermanos, mi papá y yo, ha sido difícil, porque extrañar a mi abuela, a la que ni siquiera conocí, ha sido como sentir que algo nos faltó.

Mi mamá al ser la mayor de la casa tuvo que enfrentarse a una situación que en el momento era muy común, pero a la vez, inmensamente compleja. No solo iba a quedarse pronto sin mamá, sino que además tendría que pasar a ocuparse de la casa y de sus hermanos, en el momento en que ella faltara. Hoy puedo ver lo increíble de la situación y sentir una inmensa compasión por ellos. Por siempre esto fue solo una historia en mi vida, la cual no producía mucho en mí, pero cuando empecé a conocerme me di cuenta de lo importante y presente de este evento en todos nosotros. Ha estado siempre allí y gracias a él hemos hecho muchas cosas. Algunas de ellas no han contribuido con nuestra paz.

Mi abuela no murió a los 6 meses, sino casi a los 15 años. Qué grandes que son mi mamá y mi abuela! uffff que grandes! y de ellas vengo yo, me viene la vida y esta conexión con las mujeres.

Mientras escribo esta entrada llega a mí información que no sabía y empiezo a entenderlo todo. Siento que el corazón se me quiere salir y mi respiración se acelera. Lo entiendo todo – o creo entenderlo, no sé – solo sé que lo que siento es que la conexión que tengo con mi mamá y mi abuela es tan profunda que he cargado con su historia y su tristeza muchos años de mi vida. Así se ha dado la dinámica: mi abuela enfermó y mi mamá sintió (o le dijeron) que le correspondía hacerse cargo de ella y de su enfermedad, de todo lo que implicaba física y emocionalmente. Ella lo hizo, por amor, por el amor infinito que le tuvo a su mamá, porque necesitaba compensar el regalo más grande que le dio, su vida, y porque era lo que su alma necesitaba hacer para crecer. No necesariamente fue lo mejor para ella, pero era lo que en su momento necesitaba. Y luego como fruto de un gran capricho de mi mamá llegué yo, a tratar de llenar su vacío en el corazón, un vacío que se había formado ese día cuando era una adolescente y la sentaron en la sala de la casa a comunicarle que mi abuela ya no estaría más. Llegué yo a hacerme cargo de lo que nadie más pudo, creyendo que yo sí podría hacerlo. Llegué yo a ser esa mujer en su vida que buscaría que ella estuviera siempre bien… pero no lo estuvo.

No lo estuvo porque yo nunca pude llenar ese vacío. No lo estuvo porque yo nunca pude ser lo que mi mamá necesitaba. No lo estuvo porque yo no pude luchar sus batallas, ganar sus tragedias, resarcir su corazón. No lo estuvo porque lo que a mi mamá le faltó nada ni nadie pudo dárselo nunca más, por más que yo hubiera dedicado mi energía en ello y dejara de lado mi disponibilidad en la vida para estar ahí para ella, no pude. Ella no me lo pidió, nunca me lo dijo, pero yo lo sabía, sabía que ella lo necesitaba y lo hice por el amor infinito que le tengo, y para tratar de compensar el regalo que me dio, mi vida.

Mi abuela nos ha hecho mucha falta, ¡muchísima! Es la persona que más falta nos ha hecho en casa por siempre. Pero todos lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Muchas veces trasgredimos el orden – especialmente yo – y creímos que íbamos a salir victoriosos. Muchas veces estuvimos perdidos, pero ahora, que lo he entendido todo y que llevo más de 7 años sanando esto que hay dentro de mi, que nos pertenece a todos, hemos podido ser un poco más libres para decirle a esa abuela, a la Señora Elvia “gracias, porque si no hubiera sido por ti, nosotros no estaríamos aquí”.

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