·amores caprichosos·, Bienestar Consciente

Lo que aprendí en mi búsqueda de mi propósito de vida

Normalmente cuando termino un proceso y hago el cierre, me siento con mi computador y lleno un archivo con un resumen del consultante y de lo que trabajamos. Esta vez me senté a escribir acerca de ella, de lo que habíamos trabajado, del cierre tan bonito que habíamos hecho y me encontré escribiendo lo siguiente: “Se siente inspirada y con ganas de vivir su vida, encontró su propósito de vida al encontrar su lugar en el mundo y tomar a sus papás”.

Durante algún tiempo he oído mucho esa frase, “el propósito de vida” y yo me pregunto de qué se trata. Para responderme solo puedo mirarme y darme cuenta de la diferencia que representa en mi vida vivir desde él y estar completamente alejada de su energía. Por muchos años lo estuve y ahora sé con claridad por qué fue así: Resulta que yo tenía toda mi energía puesta en otra parte, en salvar a otros y en hacerme cargo de personas que creía que me correspondía hacerme cargo, pero yo estaba muy chiquita y estaba equivocada. Esto no me dio tiempo de conocerme ni de entender quién rayos quería ser en la vida. Pagué precios muy altos y dije muchas veces la misma frase “estoy aburrida”. Era una frase que me acompañaba todo el tiempo, hasta mis amigos estaban cansados de oírme decir que estaba aburrida, y es que ¿cómo no estarlo? No sabía quién era, qué quería, qué me gustaba, para qué servía ni para qué vine a este mundo. Hasta ese momento mi entendimiento de la vida era como un juego de supervivencia en donde solo teníamos acceso a la suerte que nos permitiría de pronto, ser felices. Y mi suerte nada que llegaba.

Estudié la carrera que no quería, trabajé en trabajos que no quería, tuve novios con los que no me sentía como yo quería, todo era como yo no quería. Y luego llegó la magia. No la suerte, pero sí la magia. Llegó en forma de proceso interno de conciencia, muy intenso, muy en serio. Se demoró varios años y concluyó con el mensaje de esta entrada: El día que tomé a mi papá y a mi mamá, con todo lo que me gusta de ellos y lo que no me gusta, con lo que hubiera querido que fuera diferente, con todo lo maravilloso que sí tomé de ellos y con lo que ellos realmente son (no los super héroes que siempre quise que fueran), pude estar llena y disponible para preguntarme y maravillosamente responderme quién era yo, y al hacerlo, todas las piezas del rompecabezas encontraron su lugar, puse orden en la forma como me relaciono con mi sistema, me dediqué a tomar de mis papás, dejé de darles y me di a mi. Supe lo que quería hacer en mi vida y emprendí mi proyecto más audaz, más importante y más grande: Convertirme en Consultora Emocional.

He aprendido que la manera de no pasarme un año entero esperando el día que lleguen las vacaciones para sentirme libre, es hacer de mis días y semanas una constante búsqueda de equilibrio y bienestar, en donde tengo una vida activa, productiva, intencionada, con mi toque y sobre todo, que responde a mi propósito de vida y el regalo que la vida me dio, mi don: MI VOZ.

El amor que me tengo es muy bonito, lo he transformado. Cada día le quito una capa más al capricho con el que vino y aunque muchas veces deba volver a empezar, ya conozco el camino de regreso a casa.

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