·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Espiritualidad

El amor en los tiempos de muerte

Eran las 4 de la tarde y el teléfono sonó. Al otro lado había una noticia, una muy triste. El hermano mayor había muerto.

Inmediatamente las emociones empezaron a dispararse como ráfagas por el cuerpo, la mente solo pensaba y nada era claro. De repente pensó en su mamá, ay por dios, la mamá, tenía que irse para allá inmediatamente y dejar sus propias emociones en pausa para hacerse cargo de ella. Hacía varios años que no tenía que hacerlo y en el último año había aprendido que no era lo que correspondía, porque era ella la que tomaba de su mamá, no al revés. Pero su hermano había muerto, su mamá había perdido a un hijo, al primero, y ella necesitaba estar ahí con ella. Claro, eso es lo que nos pasa con la muerte, necesitamos a los nuestros.

Durante dos días el ocuparse de su mamá fue la tarea, mientras sus emociones pasaban por los lados, porque no había ni tiempo ni disposición para mirarlas, primero la mamá.

Todo fue instintivo, fue lo que su corazón le dijo que hiciera y estuvo bien, pero de alguna manera necesitaba poner algo de orden y entender lo que pasaba desde otro lugar, porque me llamó. Me dijo: Caro, tengo una noticia de mi familia muy triste y quiero preguntarte algo, mi hermano mayor se murió y quiero saber cómo consolar a mi mamá.

Solo tuve que recordárselo, no fue necesario explicarle, solo invitarla a que fuera a ese lugar que llevaba casi un año construyendo en donde se sentía bien con cómo era y la manera cómo se relacionaba con su familia. Le recordé que lo único que ella debía hacer era sentir su propio dolor, y acompañar a su mamá y hermanos en el de ellos. No necesitaba ni hacerse cargo del dolor de los otros, ni tratar de sacarlos de él, mucho menos poner palabras e ideas en el corazón roto de su madre. Lo que necesitaba era estar ahí, presente, vivirlo. Darse el permiso de sentirlo todo, lo que fuera que hubiera y en este caso, estar para su mamá desde lo que ella era. Si quería cocinarle y su mamá recibía su comida, hacerlo; si quería acompañarla en sus oraciones, rezar con ella. Pero nada más, no era momento de hacerse cargo de nadie más que de ella misma y desde un lugar de honra infinito, vivir el amor que la muerte trae a la familia.

Ese día lo hablamos, hablamos de lo bonito que se siente cuando la muerte llega y el amor es lo que sale a flote. Ver que todos los hermanos se juntaron, hablaron, recordaron, honraron la memoria, se preguntaron cómo estaba siendo para ellos y simplemente, fueron familia de nuevo, después de mucho tiempo en el que cada uno se ocupó de lo suyo y las llamadas eran esporádicas, porque la vida estaba siendo muy protagonista y el tiempo libre para compartir en familia, muy limitado. Se hicieron las preguntas que llevaban mucho tiempo sin hacerse, cantaron canciones en honor al hermano, prendieron velas, se rieron de las historias, y también se criticaron – como bien lo saben hacer los hermanos – porque para algunas estaba siendo más difícil y lloraban mucho…

Ella descubrió historias de su papá (quien murió cuando tenía solo 5 años), que jamás había oído, y pudo tomar más de él. Pudo sentirse propia de su apellido, dueña de su lugar. Pudo llenar el cajón del recuerdo de su padre que era muy limitado con otras cosas que la divertían y le gustaban más que las que antes había oído. La muerte de su hermano le regaló la posibilidad de llenarse más y más de sus padres, de su clan, de su historia. Aprovechó y se llenó de fuerza, para vivir su duelo y para vivir la vida.

Ayer estuvo en mi consultorio y después de hablarlo todo me dijo: Y mi mamá, ufff que gran fortaleza la de esa mujer, que maravilla. Ahora soy yo la que quiere llamarla y llorar, para que me dé de su fuerza.

Lo ha entendido todo, todo!

En la muerte cuando hay honra, cuando hay respeto por la vida que se fue y por la manera como decidió vivirla, cuando podemos cerrar los ojos e imaginarnos en la cara del que ya no está una sonrisa porque está bien, porque estuvo aquí el tiempo suficiente para regalarnos su presencia, por más difícil que haya podido ser la historia; el amor más desencaprichado y puro sale y empieza a rondar por el clan para hacer de todos un lugar de contención.

Qué bonita puede llegar a ser la muerte. Que bonita que es la vida.

6 comentarios en “El amor en los tiempos de muerte”

  1. Como siempre una buena entrada. Muchas veces las personas que pierden un ser querido, quieren que el o los que vivan lo reemplacen, hagan sus labores o se comporten parecido y ese no es el rol de nosotros, pues cada familia tiene su jerarquía, si somos hijos, comportarnos como hijos, lo mismo los padres, comportarse como tal, no podemos llegar a ocupar el lugar de una persona, por ejemplo, ser esposa o abuela, cuando lo que somos son hijos, es aquí donde nuestro acompañamiento a los seres que están tristes o sufriendo por la muerte de la persona, se realiza entregando lo que tenemos, teniendo en cuenta siempre esa jerarquía de la que mencione anteriormente.
    Quería hacer este comentario porque sentí eso cuando mi abuela murió. Nunca voy a ocupar su lugar, ni para mi abuelo, ni para mi papá.

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    1. Jajajajaja es la pregunta más difícil que me han hecho en los últimos tiempos, porque no se nada de interpretación de sueños ✨ sin embargo, ¿qué tanto tiene que ver con los miedos individuales y colectivos como pareja? Es una pregunta que puede resultar interesante

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