·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares

Hablemos del padre ···

Lo que pasó fue super bonito y todavía más cuando le pedí permiso para escribir aquí acerca del tema. Le propuse cambiar un poco los detalles y decir que esta historia se trataba de una mujer, pero me sorprendió muy gratamente su respuesta: “Claro que puedes hacerlo y no lo cambies, me gusta que muestres que los hombres también tenemos cosas que sanar, aunque nos lo traguemos entero”

Así que con su permiso, aquí va:

El día que llegó al consultorio de las primeras cosas que me dijo fue que era muy escéptico, que no creía en muchas cosas y que la verdad el tema le parecía muy raro. Yo lo invité a que se preguntara una sola cosa, si estaba dispuesto a abrir su mente y su corazón por dos horas y ver qué resultaba. Si después de ese tiempo seguía pensando lo mismo, estaba bien, pero llegar a hacer la constelación convencido de que no iba a funcionar, no tenía sentido ni para él ni para mi. Mi consultante hizo la tarea y se dio cuenta de que estaba dispuesto a intentarlo, era lo único que necesitábamos.

Su asunto: sanar el abandono de su padre. Los síntomas: una conexión inestable con la abundancia, un sentido de poca seguridad, una dificultad para mirarse por lo que realmente es, porque creía que era mucho menos, que valía menos.

Su papá se fue de su casa cuando el tenía pocos meses de vida y esto marco una herida profunda en su ser. Pudimos darnos cuenta a medida que avanzábamos, de que aunque en su memoria corporal y mental su papá nunca había estado, esto era más una fabricación de ideas, porque en realidad sí estuvo. No como él hubiera querido, no como cree que correspondía, ni como él ha estado para sus hijos, pero en últimas, sí ha estado. Empezar por mirar esto y darse cuenta de que sus palabras no eran el reflejo de los acontecimientos, empezó a liberarlo.

Luego, sintió cómo su falta de seguridad venía de esta herida, porque eso es lo que hacen los papás por nosotros. El padre es el encargado (desde su energía y su lugar) de enseñarnos que adentro de nosotros hay un espacio que nos hace sentir seguros para salir al mundo exterior y tener las fuerzas para pedir lo que queremos, para vivir la vida, para estar allá, afuera en los trabajos, en las relaciones de pareja, en el mundo exterior. Cuando el padre no estuvo y la herida decía “mi papá me abandonó”, hay un pedazo del desarrollo de la emoción que no se construye bien y queda tambaleando hasta que se mire y se sane. Es por esto que siendo adulto él salía al mundo, específicamente al laboral, y no tenía ni la fuerza ni la seguridad para bailar en él.

Llegó una de las partes más importantes: reconoció que esa herida no era del todo de él, era en gran parte de su madre. Para ella la vida fue difícil, se sintió sola. El papá de sus hijos la había abandonado y tuvo mucho miedo, mucho. Miedo que mi consultante tomó como suyo para ayudarle un poco a su mamá, pero que con los años le pesó demasiado. Tuvo que soltarlo. El “abandono” no era del todo de él, era de su madre.

Ahora había que ir a donde el papá y honrarlo. Uyyyy ¡qué tarea más difícil! ¿Cómo honrar, cómo siquiera mirar a este señor?! al que lo había “abandonado”, ¿cómo?! Pero teníamos la respuesta. Ya habíamos ido a donde la mamá a pedirle su permiso para tomar del padre lo que necesitaba, y ella por supuesto, se lo había dado. Además, para honrarlo solo debía reconocer que por muchos años, por todos los años de su vida se creyó mejor que su padre, mejor hombre, mejor persona, mejor papá… Las palabras que realmente lo liberaron fueron: “Papá, tú y yo somos lo mismo, yo no soy mejor que tú, tú no eres mejor que yo. De ti me viene la vida y la tomo completamente, con lo que me gusta y no me gusta de ella, y te tomo papá con lo que me gusta y no me gusta de ti. Gracias por el regalo que me diste junto con mi mamá: la vida”

Ahora si se sentía liviano, ligero, ahora sí… y lo mejor fue que pudo ver a los suyos, a su familia, a su esposa e hijos. Ahora si tenía la energía, disposición y mirada para ellos. Ahora todo estaba en orden.

Fue una de mis constelaciones favoritas. Leer los mensajes que me envío después de hacerla llenaron de gozo mi propósito de vida. Junto a él yo también tomé un poco más a mi padre, con todo lo que me gusta y no me gusta de él. Tuve que hacerlo y así tener la seguridad para acompañar a mi consultante a tomar el suyo.

Ahora tenemos bien puesta la fuente de fuerza y de vida, y por lo que veo ese amor, que es de los más grandes, está muy libre de caprichos y eso me gusta.

4 comentarios en “Hablemos del padre ···”

  1. Siento que cada constelación se vuelve un espejo de un caso o sentimiento que uno puede haber vivido o sentido como propio. Tantas conexiones, tantos lazos familiares. Tantas piedras que llevamos como si fueran propias, que obvio serán propias por ser nuestro linaje, pero posiblemente las podemos ver, tener, entender, más no cargar.

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