·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Sanar relaciones

La reconciliación entre hermanos

Joaquín nunca entenderá esto. Es algo que se va a perder. No sabrá jamás lo que significa el amor entre hermanos. Aquel amor tan complejo, ese que nace en gran parte de compartir el tesoro más grande: los padres.

Hace un tiempo estuve trabajando con unos hermanos y recordé el montón de veces que era yo la que estaba ahí mirando a mis hermanos, sintiéndome acompañada pero también agobiada, pues nuestro amor ha sido, es, y creo que seguirá siendo muy caprichoso. No sé si tenga la intención de hacer que sea diferente, porque soy consciente del gran peso que cargamos y de lo que compartimos. Mi única intención en continuar viviendo nuestro amor – así sea caprichoso – en paz.

Y es que yo diría que el de hermanos, es el más literal de los amores caprichosos que he encontrado. Cuando las cosas no están fluyendo entre nosotros, somos exactamente como unos niños chiquitos o lobos feroces que no queremos compartir nuestro juguete preferido y que creemos que tenemos más derecho a él porque llegamos de primeros, porque lo entendemos mejor, porque lo queremos más o porque somos la chiquita y “contemplada” de la casa. Cuando aprendí esto en mi certificación fue muy liberador, pues entendí por qué era tan difícil para mí (y diría que para todos) el convivir y co-existir con los hermanos. Al fin y al cabo, estamos luchando por un mismo objetivo: la mirada incondicional y constante de nuestros padres. Y mientras lo hacemos empezamos a ocupar lugares que no son los nuestros, porque cueste lo que cueste, queremos nuestra recompensa hecha realidad.

Es increíble cómo creemos que no nos miran. Es increíble lo que nos hacemos adentro por esta creencia.

Si viniera el Hada Madrina y me concediera un deseo, uno que fuera para ayudar a la humanidad, el que yo escogería sería que todos tuviéramos nuestro corazón lleno de la mirada de papá y mamá y que supiéramos – supiéramos – que no necesitamos hacer nada para obtenerla, que la tenemos por derecho de nacimiento, que lo que nos dieron fue suficiente, que estamos bien y a salvo. Que ni siquiera nuestros hermanos pueden ponerla en riesgo, aunque alguno haya sido más mirado que otro.

Con mis hermanos (tengo dos hermanos hombres mayores) lo he experimentado de muchas maneras y en muchos momentos de mi vida, y recuerdo perfectamente el día en que me dieron la gran lección, aquella con la que supe que estaba avanzando en mi camino de crecimiento y de consciencia, aquella que tanto me dolió y que me hizo resistirme por algún tiempo. Aquella que tanto me liberó. Ellos me mostraron el camino para ser libre y desleal a mi sistema, me enseñaron que si quería tenerlos pero a la vez soltarlos, debía empezar a relacionarme con mi familia de una manera diferente. Esta nueva manera me ha gustado y aunque las lecciones siguen llegando por doquier, yo estoy firme en mi deseo de compartir mi gran tesoro y ganar así la libertad.

Estos hermanos con los que trabajé hace un tiempo me recordaron lo bonito de este amor, la posibilidad de vivir en el capricho pero de encontrar paz en él y la maravilla de compartir con ellos aquello que nadie, nadie más en el planeta comparte: solo nosotros, solo nosotros tres sabemos lo que es ser hijos de nuestros papás, como se sintió lo que nos pasó, lo que logramos al separarnos, al unirnos de nuevo, lo que es haber estado en la barriga de nuestra mamá, lo que es haber crecido en nuestro hogar… solo nosotros lo sabemos y lo sentimos. Y ese es el verdadero tesoro.

A los hermanos “hay” que quererlos y se supone que nos deben caer bien. Yo siempre le digo a mis consultantes que es una de las tareas más difíciles que tenemos, pues ¿cómo así que sin pedirlo, tengo que querer a esos dos que me quitan tiempo y espacio de la mirada de mis papás y adicional, disque me tienen que caer bien? Pero la reconciliación no está ahí, la reconciliación está en saber que en el fondo somos de lo mismo y que aunque no sean mis personas favoritas en muchos momentos de la vida, cuento con ellos y ellos cuentan conmigo, para seguir entendiendo la historia del libro de nuestra familia. Y si tú eres de los que tiene hermanos de estos que ni siquiera sientes que puedes contar con ellos, pues quédate con lo que te sirve, con esa unión del alma que escogiste hace mucho tiempo atrás y que te permite sentirte un poco más complet@, menos sol@, más acorde. No hay necesidad de traerlos a tu cotidianidad, pero sí de ponerlos en un buen lugar en tu corazón. Con eso, ya sueltas un poco el capricho y créeme, ganas libertad.

Joaquín no conocerá acerca de esto, y está bien. El siempre podrá decir MI papá y MI mamá, pues no nos comparte con nadie. A mí, me gusta mucho “tener” que decirle a mis hermanos EL papá y LA mamá… aunque a veces me estorbe el compartir, lo que ganó lo valoro más.

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Mañana haré una charla virtual en donde revisaremos la relación con los hermanos y cómo poder fluir sanamente en ella. Será un espacio lleno de amor y de mensajes cargados de herramientas para ayudarte a encontrarte en tu propia dinámica, para tomar la vida y tomarlo todo! Esa es la verdadera posibilidad de la manifestación de tu Ser.

Aquí te dejo todos los detalles. ¡Aún tienes tiempo de inscribirte!

https://amorescaprichosos.com/proximos-eventos/

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