·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Maternidad, Sanar relaciones

El mejor regalo para nuestros hijos

Quedé en embarazo dos años después de terminar mi certificación en Constelaciones Familiares y uno de mis pensamientos, uno muy arrogante fue que siquiera lo había hecho antes de ser mamá, porque Joaquín iba a ser completamente libre en la vida y no iba a tener rollos. Me creí la super mujer, la mejor mamá del mundo. Me creí demasiado. Creí que era yo la que disponía de los asuntos que mi hijo iba o no a tener en la vida… ¡Qué equivocada estaba!.

No fue sino nacer para que me empezara a mostrar que su vida era propiedad de alguien más, muy diferente a mí. Recuerdo en la sala de neonatos donde estuvo hospitalizado por 7 días que me sentaba a alimentarlo y a pensar “¿por qué? ¿para qué esta pasando esto?”. Uno de mis objetivos más grandes y por el que luché durante todo mi embarazo, era garantizar que Joaquín al nacer estuviera conmigo, que no se lo llevaran a ninguna parte, pudiera sentirme y estar seguro a mi lado. Que “me lo quitaran” y se lo llevaran a una sala donde iba a estar lejos de mí, solo, ha sido de los dolores más profundos en mi vida. Lo que pasa es que yo todavía no sabía qué era lo que me dolía.

Hubo un momento en el que lo miré y tuve una conversación de alma a alma. Le pregunté: “qué significa para ti esto que está pasando, de qué se trata?” y lo entendí todo. Supe que lo que yo necesitaba para él era muy diferente a lo que él necesitaba para él mismo y que no iba a poder tener el control de nada en su vida. Supe que yo iba a ser solo una acompañante, observadora, nada más…

Entendí que mientras más rápido soltara mi arrogancia y mi necesidad de ser lo único y más importante para él, más fácil sería todo mi … pero me demoré mucho en hacerlo. Todo lo que leí, oí, aprendí acerca del apego saludable lo entendí literalmente, y creí que yo lo era todo en su mundo.

Pero no era así.

Allí empecé a ver que lo que yo creía que podía ofrecerle a Joaquín, esa libertad que le había prometido, esa posibilidad de ser completamente feliz porque yo había resuelto todo lo mío era una ilusión y que seguía siendo una mamá como todas, llena de asuntos por mirar y resolver. En ese momento fue que comprendí lo que quisieron enseñarme por más de dos años en la Certificación:

El regalo más grande que puedo darle a mi hijo no es creer que lo salvé de los rollos existenciales y asuntos del corazón. Es hacerme cargo de mis asuntos, los míos, para que él pueda ser libre y vivir los suyos. Ahí hay una gran diferencia.

No puedo volverlo inmune al mundo, él necesita que el mundo lo toque, con todo lo que tiene el mundo para ofrecerle, lo que nos gusta y lo que no nos gusta tanto. Pero debe tocarlo. Ahora, lo que yo sí puedo hacer, definitivamente, es ocuparme de lo mío para que conmigo se acabe la línea de dolor, de pesos ajenos tomados, de asuntos no resueltos, de eventos no mirados, de dolores no procesados que vienen de todos nuestros ancestros. Puedo ofrecerle un mundo en donde su mamá se hace cargo de lo suyo para que él se relacione con una mujer posiblemente fracturada en su emoción, pero adulta y que busca asumirse cada día.

Cuando estamos en una constelación literalmente le decimos a los hijos: “De lo mío me encargo yo, yo soy la adulta. Yo soy la mamá y tu eres el hijo. Yo soy la grande y ante mí, siempre serás pequeño. Yo doy y tu tomas. De lo mío me encargo yo, tu no te metas, es una orden”.

Ayer mi consultante me decía: “tengo un hijo de 10 años que me regaña por mis enredos en mis relaciones de pareja como si fuera un adulto… ¡que desastre!” Y yo simplemente le dije que fuera él el adulto, para que su hijo pudiera ser solo un niño.

Así los liberamos. Así los hacemos libres. Así estamos completos y ellos lo saben. Así recobramos el orden, ellos se sienten protegidos, se sienten seguros, saben que sus padres son adultos y que pueden dedicarse a vivir su vida de niños, de adolescentes, y buscar ser exitosos en sus propios términos. Así reconciliamos millones de generaciones atrás que no han sabido qué hacer con tanto dolor. Así podemos sentir que el amor que nos tienen no es caprichoso, sino que los impulsa a estar en la vida · completamente y que como padres nos convertimos en sus alas para volar.

2 comentarios en “El mejor regalo para nuestros hijos”

  1. Me llegó este post! Después de leerlo, creo que aún no he podido perdonarme totalmente a mi por dejar que se llevaran mi niña a una sala de neonatos, sin mi ni mi lactancia, toda la tarde al nacer, cuando no tenía nada que le impidiera estar conmigo excepto los “absurdos e irrespetuosos” protocolos del hospital. Con lo que entiendo que tampoco he podido perdonar al hospital (y creo que aun no quiero porque me permite sentir la rabia “contra” alguien más…

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    1. Hola Natalia! claroooo yo tuve ese mismo sentimiento por mucho, mucho tiempo. Pude soltarlo cuando entendí que lo que hicieron, no era contra mí, hacía parte de nuestros destinos, del de Joaquín y el mío y que detrás de todo lo que había era un gran aprendizaje para mí. No fue ni cinco de fácil, pero pude ser un poco más libre.

      A veces vuelvo y me engancho con mi rabia, pero luego vuelvo y lo suelto…

      A lo mejor un día te animas a soltarlo tu también. Mientras tanto, te estás dando cuenta y es un paso re importante!

      GRACIAS POR TU COMENTARIO!

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