·amores caprichosos·, Bienestar Consciente, Hábitos amorosos y saludables, Relación con el cuerpo

¿Les cuento algo? Peso 64 kilos…

Algunos podrán pensar que no les importa cuánto peso. Otros podrán sentir que es mucho, hay quienes no tendrán idea contra qué compararlo o incluso, sentir envidia porque mi peso es “ideal”. Y allí empieza todo, en la manera como todos interpretamos un mismo número y lo vemos como bueno o malo según lo que hemos vivido e interpretado de la vida.

La primera vez que fui a donde una dietista tenía 10 años. En mi casa me dijeron que estaba gorda y que era importante hacer dieta porque no quería seguir subiendo de peso y ser como aquellas mujeres que no pueden ni caminar. Eso me dijeron. Tenía solo 10 años y mi mundo de fantasía se había acabado, porque ahora no era solo una niña explorando la existencia, sino que tenía que reconocerme y me estaban invitando a que lo hiciera como “gorda“. Desde ese momento establecí una relación con la báscula, una que realmente no me ha gustado pero que como tantas otras he necesitado para que llegue un día como hoy y pueda ser lo que soy.

Al mismo tiempo que me decían que estaba gorda, mi mamá me decía la siguiente frase: “A las mujeres gordas solo las quiere la mamá”. Realmente yo no entendía de qué se trataba, porque lo que veía en mi mamá al pronunciar estas palabras era una especie de amenaza, pero al mismo tiempo para mí era la posibilidad de llegar al paraíso. Yo quería una sola cosa con mucha fuerza y determinación: que mi mamá me quisiera, y esta supuesta amenaza proporcionaba la posibilidad de que mi fantasía se convirtiera en realidad. Entonces ¿qué hice? empecé a comer y comer y comer, para sentir que mi mamá me miraba y para garantizar que al menos ella, así fuera solo ella, me quisiera.

Ufffff… pesado ¿verdad?

Pero esto solo pude entenderlo muchos, muchos años después, muchas dietas después, muchas restricciones después, muchas decepciones y sentimientos horrorosos acerca de mi cuerpo después. Entendí que eso que me dijeron y que yo me creí, había marcado mi relación con ese número que pongo hoy en el título de esta entrada, y que no es fácil para mí revelar.

Hubo un día en el que también entendí que todo había sido una trampa de la cual no había salida, porque si me engordaba mi mamá me iba a mirar con esa cara de tragedia y rechazo que ya conocía, pero al mismo tiempo si estaba gorda solo ella me iba a querer y era lo que yo más anhelaba. Era una trampa, no había salida… Y empezaron a armarla muchas generaciones atrás.

Pero llegó un momento en el que solo tuve una opción: actuar. Como animales que somos tenemos el impulso de elegir entre dos opciones ante situaciones que no nos gustan, o reaccionamos y peleamos contra ellas, o huimos. En esa dinámica me la pasé toda la vida, subiendo y bajando de peso, hasta que asumí que como seres humanos que también somos tenemos una tercera opción, la de actuar. Decidí que ya no quería más. Estudié, leí, hice una constelación, medité… hice el trabajo. Me senté conmigo misma y tomé la decisión de actuar de manera diferente. Lo primero que hice fue dejar de vivir una vida de restricciones y empecé a mirar mi cuerpo con amor. No me malentiendan, todavía hay cosas de mi cuerpo que quisiera que fueran diferentes, pero decidí que las iba a mirar y le iba a meter solo amor. No me iba a rechazar más, no iba a hacer más conmigo misma lo que hicieron por tantos años los demás. El rechazo iba a terminar ahí. Iba a decirle al mundo, a misma, a mi mamá, a las mujeres, a la sociedad, a Lucas, a mis amigas, a mis fantasías internas que contemplaban todo lo que creía que estas personas tenían para decir acerca de mi cuerpo “PAREMOS! ES SUFICIENTE”. Ha sido suficiente todo el tiempo y energía que he puesto en bajar de peso, en que ese número sea menor, alejarme para arriba y para abajo, tener miedo de estar muy lejos, sentirme bien cuando estoy muy por debajo, poner mi mente y mis pensamientos en un número, un número que en este momento al escribir estas palabras pierde cada vez más fuerza y poder.

La báscula de nuestra casa se quedó sin pila hace por lo menos dos meses. Había alivio al saber que no podía averiguar cuánto estaba pesando y al mismo tiempo miedo de no saberlo y entrar en el juego de la mente que me hace verme de determinada manera, una que muchas veces no concuerda con la realidad. ¿Qué tal que estuviera super gorda y no me estuviera dando cuenta porque no me estaba pesando? ¿qué tal si el día que compráramos la pila de nuevo y me pesara, el numero resultara ser mucho más? ¿qué iba a ser de mi?

Hace dos días empezó a funcionar de nuevo la báscula y para mi sorpresa (no sorpresa), el peso sigue siendo el mismo: 64 kilos. Ese sí fue el día en que de verdad, desde la esencia de mi alma pude decirme “no más, lo he entendido. Así como tengo la piel blanca, muchas pecas en la cara, las rodillas y la espalda, ojos medio verdes o miel dependiendo de la luz… mi cuerpo tiene un peso que es el que es. Punto. A mis 35 años y desde hace más de 4, ese es mi peso. Inclusive mayor que el de Lucas. No tengo un cuerpo que pesa 56 kilos, y tampoco 68. Es lo que soy”

Y esta soy yo. Un poco más libre. Con menos caprichos tontos a los que seguir y más amor. Más dueña de mí misma. Asumiéndome un poco más como soy. Sabiendo que esto es lo que hay. Reconociéndome tal y como soy. Decidiendo y actuando. Siendo yo. Y sobre todo sabiendo que soy mucho más que ese simple número.

6 comentarios en “¿Les cuento algo? Peso 64 kilos…”

  1. Y de nuevo, me siento totalmente identificada con la entrada.
    Desde chiquita fui una persona que comía muchísimo y le gustaba de todo y me decían lo mismo ” A las gorditas solo las quiere la mamá” que es esa frase para una niña? pues esa frase fue la que creó en mi una enfermedad alimenticia, la que no me dejó vivir feliz por muchos años, la que hizo que yo dudara de mi cuerpo, que no lo exhibiera, pues siempre había un gordito que tenia que tapar y que no me estaba haciendo sentir bien, la que no me dejo disfrutar de salidas a comer, de momentos en familia, en pareja, con amigos. Con todo este sufrimiento, llegó un día que alguien muy importante para mi me dijo: “Te quiero mucho pero ya no eres linda” esa que la gota que reboso la copa, desde ahí empece un trabajo muy profundo con mi cuerpo, el cual hoy, lo exhibo con amor, me siento orgullosa de el y le agradezco todo lo que ha hecho por mi y sobretodo, le pido todos los días perdón por hacerlo sufrir tanto, el es el que nos da la vida, amémoslo como es y permitamosle a él ser feliz!.

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  2. Ay noooo.. como calcado pero aun en proceso de aceptación, de ver que hacer, de entender que soy suficiente y que tengo que hacer algo para arreglar mi relación con la comida
    Gracias…

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  3. Tan oportuna!
    Graciad por este gran recordatorio para mi, y para todas las mujeres.
    El recordatorio de amarnos, que no es un número lo que nos hace valientes, valiosas, grandiosas. Nos hace valiosas brillar y ser felices desde las profundidades de nuestro ser, y desde cualquier rinconcito de nuestro cuerpo que queramos o que no queramos tanto. Lo valioso es SER.

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