·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Sanar relaciones

El momento de la resistencia

Un momento después de haber sacado a la luz lo que había oculto, empieza en todo proceso de ampliación de conciencia lo que llamamos “el momento de resistencia”. Allí se resume todo el trabajo y casi que de esto depende el cambio.

Cuando hacemos un proceso como el de Constelaciones nos pasa igual que a las semillas cuando son plantadas en la tierra: ellas tienen una forma que saben tener, están acostumbradas a lo que son y tienen un deseo claro, cambiar. Para hacerlo, necesariamente tienen que pasar por momentos de tensión, fuerza y sobre todo incomodidad, en donde se revientan y su transformación se hace notoria. Lo mismo pasa con nosotros, después de que ponemos en la luz aquello que no nos estaba permitiendo avanzar, el sistema (generalmente nuestra familia) empieza a reaccionar y allí es donde la incomodidad toma lugar.

No es fácil. Ni para el que está en el proceso de conciencia ni para el sistema, porque la verdad, el cambio es amenazante y algo podría salir mal.

Por esto nos molesta tanto. Por esto siempre al terminar una Constelación acordamos una siguiente cita más o menos al mes, para poderle dar lugar a esta incomodidad y tensión, y tratar de no abandonar el camino. Es en ese momento en donde hay dos opciones: o volvemos a donde estábamos, abandonamos el proceso y recobramos la aparente calma, o seguimos en la tensión sabiendo, teniendo la certeza de que al otro lado de ella estará ese cambio que tanto hemos estado anhelando.

Ambas opciones son válidas. La primera promete seguir como estábamos pero de una manera diferente: ahora no somos inocentes, ahora sabemos de qué se trataba todo. Es entendible, a veces no hay permiso para cambiar, para relacionarse de manera diferente, para ser aquel elemento de la familia que pone la dinámica patas arriba sin que se le haya preguntado a cada miembro si así lo quiere. A veces no es fácil ser libre entre tanto miedo y tanto dolor. A veces no es fácil decirle “sí” a la vida cuando hemos estado acostumbrados a recibir muchos “no”. La segunda opción promete la libertad. Punto.

Recuerdo cuando fue mi gran momento de elegir entre las dos opciones. Por un microsegundo, o un poco más que eso, quise devolverme para la casa de mi mamá y buscar sus brazos. Creí que en ellos encontraría todo lo que había buscado siempre. Creí que era lo que necesitaba. Pero después lo entendí, me di cuenta de que aunque eso era lo que había buscado toda mi vida, lo que realmente quería para mí estaba al otro lado, al lado de mi vida, de mi libertad, de una que fuera cerca a mi familia, pero en mis propios términos. No fue fácil, para nada lo fue, y por eso es que le digo siempre a mis consultantes que tienen las dos opciones y que sé que se siente feo; pero también les digo que a este lado, la vida se siente mejor.

Es un asunto simple, aunque no necesariamente fácil de lograr. Por eso siempre es necesario tener una intención clara y sobre todo, meterle amor del bueno a aquello que sabemos tendremos que recorrer, para abandonar el capricho de quedarnos en lo conocido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s