·amores caprichosos·

El post de Llorente

La semana pasada fue muy difícil para muchos, en Colombia especialmente compartimos un sentimiento: teníamos los nervios de punta! Muchas cosas estaban pasando, había quienes lo estaban viviendo en el plano físico, otros solo en el mental y muchos como yo, en el espiritual y de conexión. Aunque mi piel no estaba sintiendo nada, mi emoción, mi alma, mi espíritu estaban conectados y sintiendo el colectivo.

Desde este lugar, el individual, cada uno vivió lo que le correspondía y se expresó desde allí. Las redes sociales estaban a reventar de mensajes, ideas, muchos ideales, acusaciones, miedo, violencia escrita y gráfica, aun por parte de los que se consideran «los buenos». Uno de mis grandes maestros y amigo Federico Paz, quien es mucho más arriesgado que yo, le importa menos lo qué piensen de él, mucho más elocuente en sus palabras escritas y más rebelde que yo, escribió un story con el cual sentí que había entrado en mi cabeza, había sacado mis pensamientos y los había plasmado en este lugar. Estuve completamente de acuerdo con él, él supo decir lo que yo no sabía poner en palabras.

Al otro día compartí lo que Fede había publicado y nada aparentemente pasó. Luego, decidí sacar una de las frases de este story que era la más importante para mí, escribirla entre comillas, esperar a que pasara el día más difícil de todos y después, publicarlo como post (es la frase que encuentras en la foto de esta entrada). Yo sabía lo que estaba haciendo, sabía que iba a mover, sabía que iba a incomodar a muchos. Quise, por encima de todo, enfrentarme a mi sobra más fuerte, la de sentirme desaprobada. Lo hice sabiendo que muchos me iban a rechazar, pero quería ver quién era yo en el rechazo, ahora, después de tanto camino recorrido, después de tanto andar. Y para descubrirlo debía lanzarme a él… así que lo hice, y ufffff sí que incomodé!

Pasé casi toda la tarde del jueves respondiendo los comentarios que hicieron a mi post. Nunca, nunca las personas que siguen mi cuenta habían comentado tanto, es más, casi nunca comentan! pero esta vez fue diferente, esta vez había tanto enojo y frustración en sus corazones, que algunos de ellos decidieron desbordarse en comentarios no tan amables, seguramente buscando sentir que estaban aportando de alguna manera a aquello que veían afuera tan injusto y doloroso. Yo tuve que tomar una decisión muy rápidamente y era cuál iba a ser mi postura ante su rechazo y desaprobación latente, ante algunos comentarios que desde este lado del celular resultaban hirientes y que producían en mi cuerpo una sensación muy incómoda.

Recordé que así como mi intención al publicarla era compartir un mensaje que encontraba completamente expansivo, poderoso y humano, amoroso y movedor, y también era reconocerme en el rechazo; no pretendía convencer a nadie de que yo estaba en lo cierto y ellos no, no pretendía justificarme ni excusarme, ni pretendía explicarles quién era yo «realmente». Tampoco quería demostrarles que ellos estaban haciendo más de lo mismo mientras yo buscaba generar un cambio y la posibilidad de la llegada de una nueva perspectiva. Así que mi primera decisión fue no seguir mi impulso de borrar el post una vez empezó la locura, solo para evitar el problema, y luego, me paré en frente a las balas que me lanzaban, no evité que me las tirarán, pero me bañé de una protección muy eficaz: la de saber, tener la certeza de saber quién soy. En lo que sé que soy hay cabida para que los que no me conocen bien vean en mí cosas que no tengo, decidan crear una imagen instantánea acerca de mí basada en una frase que ni siquiera era mía, y decidieran que soy poco empática, que justifico la violencia desde el plano espiritual, que desde mi lugar de privilegio se me olvidó lo que es ser humana y que esas palabras que tomé prestadas, igual que yo, carecemos completamente de amor.

Yo sé que no soy eso. Estas personas no me conocen y quisieron apegarse a su decisión de etiquetarme a partir de su propio observador, sin darse la oportunidad de leer entre líneas y buscar un poco más de lo que su ira y dolor les estaban diciendo que vieran. Estas personas no confiaron en mí – y no tendrían por qué hacerlo, no me conocen – y decidieron dejar de seguirme, acusarme y señalarme. En cada una de mis respuestas a sus comentarios había una invitación a ver más allá, a soltar el caprichoso de sus mentes inundadas por un colectivo lleno de miedo, pero no, no pudieron oírme… y eso está bien, soy co-responsable de eso.

Al menos incomodé. Es la primera vez que lo hago y me gustó, no por sentirme rebelde sino porque no estaría haciendo bien mi trabajo si no invito a las personas que quieren leerme, oírme o trabajar conmigo a que intenten cambiar la percepción que tienen de las cosas. Y tampoco estaría haciendo bien mi trabajo si intentara sentarme a convencerlos de que yo tengo razón, y de que deberían ver las cosas como las veo yo. Así que por eso me gustó, porque mi experimento me mostró que hoy, en el 2021 puedo pararme en frente al rechazo y la desaprobación y seguir sintiendo la certeza de quien soy… y sé que todos pueden verme diferente a lo que soy, porque ni siquiera yo misma puedo identificarme de una manera fija y absoluta. Está bien que estas personas que seguían mi cuenta y que leían lo que escribía y compartía dejaran de seguirme en el momento exacto en el que no les gustó una de mis maneras de ver la vida; que mientras todo les gustaba no comentaran diciendo algo bonito, pero que cuando se sintieron amenazados por mis palabras prestadas, decidieran «dejarme». Está bien. Está bien porque la relación que quiero crear con mi comunidad es una de confianza y apertura, en donde no siempre necesitemos ver con las gafas del mismo color, pero estemos dispuestos a mirar más. Y ese rechazo lo asumo yo.

El rechazo lo sentí y dolió, el juicio, el ataque también, pero yo sabía que eso podía pasar, lo publiqué consciente de lo que estaba haciendo. Digo que me gustó porque pude verme a mí misma y me gustó lo que salió. Comprendo de verdad que son unas palabras que muchos no pueden entender, hace 7 años yo no las entendía. Yo estaba ahí también, así que está bien…

Me lleva a la reflexión de la fuerza de la rabia, de la impotencia en el desacuerdo, de cómo definitivamente vemos el mundo desde el observador que somos, no desde lo que Es, porque ese día me vieron como muchas cosas que no soy.

Pero, también fue el post con más likes que he tenido y el más guardado, lo cual me muestra que las personas que dejaron de seguir mi cuenta no resuenan con eso, pero otras muchas más que las que se fueron, sí lo hacen. Y no se trata de mí, de si están de acuerdo conmigo o no, sino que me alegra ver que esas personas comparten esta manera de ver el mundo, en donde en definitiva, somos co-responsables de lo que nos pasa.

Lucas me preguntó con un poco de decepción para qué había hecho eso, desde su observador había perdido mucho y no había valido la pena. Después de explicarle todo esto noté en su mirada un poco de aceptación, quisiera creer que un poco de orgullo. Y eso también me gustó.

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