·amores caprichosos·, Espiritualidad

La palabra escrita al final de la meta: Auto-Reconocimiento

El timo es un órgano linfoide primario y especializado del sistema inmunológico. Dentro del timo maduran las células T que son imprescindibles para el sistema inmunitario adaptativo, que es el lugar en donde el cuerpo se adapta específicamente a los invasores externos. Está ubicada entre los chakras del corazón (color verde) y la garganta (color azul). El color que se le da al timo es un verde azul muy parecido a la bola de la parte de arriba de este dibujo.

Más o menos lo que el timo necesita hacer todo el tiempo es producir estas células que viajan por todo el cuerpo, revisando qué necesitamos para adaptarnos a los invasores externos y qué necesita hacer nuestro sistema inmune para compensar su “ataque”. Simplemente, reconocer lo que somos, todo el tiempo, para darse cuenta de aquello que no somos y pedirle al sistema sabio que nos proteja.

¿Por qué la clase de anatomía de hoy? Porque sin saberlo, me hice un tatuaje que tenía todo el sentido del mundo para mi existencia actual. Durante los últimos 36 años he estado recorriendo un camino que se ha convertido en una maratón, en donde al final, en el letrero de la meta está escrita la palabra auto-reconocimiento. Estando en una meditación vi esta imagen para que fuera mi nuevo tatuaje, no sabía que iba a tener tanto, tantísimo sentido. Allí está todo: el timo (que en su momento ni siquiera sabía que existía) que se encarga del auto-reconocimiento de quien soy, con el dibujo de esta mujer adornada que me ha tomado tanto tiempo reconocer que soy, con esta estrella en el centro de su frente que representa la intuición que hay en mí y que cada día se siente más y más propia, con esta luna que enaltece el femenino con el que ya he hecho las paces y que resume lo que soy, y con uno de mis mantras preferidos, de los más poderoso, más valiosos y del que se ha tratado mi existencia entera: la certeza de saber que · Yo Soy · (so hum).

El timo es la representación literal de lo que nosotros sabemos hacer, pero ni siquiera sabíamos que hacíamos. Saber quien somos, tener la certeza de nuestra existencia, no perdernos en las fronteras del colectivo, pero al mismo tiempo reclamar nuestro lugar en él, asumir nuestra existencia en nuestros propios términos y confiar en que sabemos lo que tenemos para dar, es la manera simbólica de vivir a través de lo que esta glándula nos enseña. Y está todo dentro de nosotros. ¡Es una maravilla! Esto lo supe hace tan solo dos semanas y cambió un poco más mi vida. No solo recordé que mi alma sabe mucho más que yo acerca de lo que soy y cómo es que debo mirarme (pues me mostró en la meditación cuál sería mi tatuaje), sino que también recordé que siempre que tenga la palabra auto-reconocimiento como recordatorio constante de los parámetros para vivir mi vida, estaré a salvo.

¿Quién soy? Yo soy. Esta soy, esta alma que escogió este cuerpo lleno de supuestas imperfecciones que han posibilitado alejarme de mi propio centro, para poner mi atención en lo que se supone que debería ser. Soy esta persona que cada día intenta volver a conectarse con la voz que reconoce como cierta, la que es amorosa, compasiva y leal a su bienestar.

La que se pierde una y otra vez porque permite que los velos ajenos cubran los ojos de la verdad, que no es igual a la de nadie más, y que puede, pero al mismo tiempo no puede ser catalogada como única.

La que durante un día puede sentirse de muchas maneras diferentes, pero que siempre recuerda una sola cosa: inclusive en los momentos en lo que no me gusta como soy, sé que me gusta como soy.

La que es compasiva consigo misma y muchas veces, también abusa de sí misma al pensar lo que la debilita y creerse el cuento de que esto es real.

La que a veces se siente muy importante y dos minutos después, se siente insignificante, pero sabe volver a lo que definitivamente es, lo que su centro le enseña, el toque que le pone a la vida a través del reconocimiento de lo que su corazón y ese hermoso color verde le muestra.

Todo esto soy e inmumerables cosas más. Las que elijo ser y elijo mantener. Pero sobre todo, la que renunció a la meta de gustarle a muchos, a otros, a estos, a aquellos y entendió que en un cine lleno de cientos de observadores, la película nunca se verá igual para todos, aunque sea una misma pantalla y una misma grabación la que están mirando. Cada uno la mira desde su observador y la califica desde su existencia, así que si yo soy la película que ven, no es posible que sea lo que cada uno de ellos quieren ver de mí.

Mi única posibilidad es ser lo que soy, ser la que soy. Yo Soy.


2 comentarios en “La palabra escrita al final de la meta: Auto-Reconocimiento”

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