·amores caprichosos·, Sanar relaciones

Lo que me quedó después del viaje con mi papá

Hacía más de 20 años que no paseaba con mi papá. Recuerdo nuestro último viaje como uno de los más bonitos de mi vida, nos fuimos toda la familia (por última vez) a darle la vuelta en carro a la Florida. Yo era la asistente de mapas de mi papá, rol que me encantó! porque para hacerlo antes tuvo que decirme: “tú eres la más ubicada de todos en esta familia, eres como yo…” Eso para mí significó tanto, tanto, que hizo la diferencia en nuestro viaje.

Muchas cosas han pasado desde entonces y he encontrado diferentes maneras de describir lo que nos ha pasado, lo que tenemos, la relación que hemos creado… ¡es que 20 años han pasado! y con ellos definitivamente nosotros hemos cambiado.

Hace unos meses mi papá me llamó para invitarme a un viaje a Cartagena, quería pasar un tiempo de calidad con Joaquín y decidió hacerlo con una de las maneras que él más disfruta, viajando. Mi corazón tuvo una respuesta inmediata a su propuesta: ¡SI! Me encantó la idea, me encantó la posibilidad de pasar unos días con él, en un hotel, disfrutando de lo que fuera que hubiera, en familia, con mi papá, de nuevo.

Fueron 5 días muy bonitos, disfrutamos, no pasó nada extraordinario, más que la posibilidad latente de estar juntos, tal y como somos y sin expectativas diferentes. Para lograr esto tuve que entrar en un estado que no se me hace tan fácil, pero que cada vez logró más y más, fue el estado de aceptación de las cosas tal y como son. Punto.

Iba con toda la intención de gozar, de estar presente y sabía que para hacerlo lo único que necesitaba era despojarme de las ideas, de los pensamientos antiguos, de las experiencias pasadas que me decían cómo era él, o cómo era yo, o cómo íbamos a ser de nuevo juntos. Necesitaba estar en estado de curiosidad y apertura, permitir que el paseo fuera en sus términos, no en los míos, y reconocer que al hacerlo no me definiría, no me convertiría en nada, no había peligro. Simplemente sería.

Creo que fue tan claro para mí lo que necesitaba, que pude lograrlo y lo más bonito de todo es que no tuve que esforzarme, pasó y ya.

Al viaje no nos acompañaron los recuerdos, los reproches, el dolor antiguo. No nos acompañó cada una de las ideas que construí acerca de la relación que hemos tenido, ni lo que creí que me había pasado con él. Todo eso se quedó en donde corresponde, en un tiempo que no es hoy, en un lugar que no era Cartagena.

¡Algo grandioso sucedió! y es que al pararme desde este observador descubrí que hemos cambiado, que lo que somos ahora individualmente y en el colectivo de nuestra familia, es otra cosa. No borra todo lo que hemos vivido y no puede tampoco excusar cada una de las veces que me creí afectada por lo que nos pasaba, pero si me permite estar en este momento de manera diferente, replanteando mi manera de mirarnos y eligiendo que esta me gusta mucho. Sentí un gran orgullo por mí misma porque pude vernos con tanto amor que ya no puedo decir más “es que mi papá es muy bravo, es que mi papá es muy llevado de su parecer, es que la relación que tengo con mi papá es...”

Lo comprendí: Nada es, no somos nada, y es en esa nada que podemos materializar lo que estemos dispuestos a ser. Mi relación con mi papá es …. ha sido … un tire y afloje … y cada vez hay que tirar menos y aflojar se hace más fácil.

Lo que me dejó el viaje con mi papá es una certeza interna de que mientras menos nos etiquetemos, menos nos aferremos a las ideas que construimos en nuestra mente de lo que se supone que somos, lo que se supone que nos pasa, lo que se supone que nos hacen, más libres somos, para simplemente Ser.

Mi papá y yo nos volvimos a encontrar, nuevos, como siempre… y aunque el propósito del viaje era que él pasara tiempo de calidad con Joaquín, el regalo que recibí fue mucho más que eso. Fue volver a Ser al lado del ser que me dio – junto con mi mamá – la vida. Ahora puedo seguir encontrándome con él adentro de mí, cada vez que sigo reconociendo lo que me viene de él, lo que nos une, en lo que nos parecemos, lo que tomo de su manera de vivir. Lo encuentro en el nuevo libro que me compré, uno que nunca me dejó tocar cuando era niña y que siempre quise tener… ahora lo tengo, porque lo he vuelto a encontrar.

1 comentario en “Lo que me quedó después del viaje con mi papá”

  1. Hmmm lloré porque me hace valorar lo que hoy recibo de mi padre, lo que mi mamá me dio.
    No importa quienes fueron, quienes son. Importa que estén a su manera. Porque se hace más difícil que no estén.

    Le gusta a 1 persona

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