·amores caprichosos·, Constelaciones Familiares, Sanar relaciones

La magia que se esconde detrás de los cierres de ciclos

Las últimas semanas en el consultorio hemos estado tratando un tema en común. A mí me encanta cuando hay tanta sincronía en mi trabajo. Hemos hecho cierres de ciclos una y otra vez. Estas constelaciones son tan bonitas y liberadoras que quiero contarte de qué se trata.

En Constelaciones Familiares miramos muchos asuntos como simplemente la necesidad de cerrar un ciclo para poder seguir adelante. Poco nos enseñaron acerca de la importancia de hacerlo, y al mirar atrás podemos ver que nos pasamos la vida abriendo ciclos, pero casi nunca los cerramos. Un ciclo puede ser muchas cosas: una relación de pareja que termina, un estado de vida que cambia, dejar la soltería porque te casas, pasar de ser una mujer que vivía siendo solo ella, a nunca más serlo porque ahora eres madre, salir del lugar seguro y confiable que puede representar el colegio para pasar a la jungla social que es la universidad, dejar de vivir en tu ciudad natal para vivir en otro lugar del mundo… y así muchos otros más.

Cada día abrimos nuevos momentos de vida que necesariamente nos obligan a dejar algo atrás, ya sea a una persona o una manifestación de vida que conocíamos y sabíamos cómo vivir, para abrirnos a una completamente nueva.

Sin darnos cuenta, como hemos dejado abiertos tantos ciclos atrás arrastramos las emociones viejas asociadas a estas situaciones a los nuevos estados, y es por esto que por ejemplo miramos con las gafas del miedo y del temor a nuestra nueva pareja, porque al verlo traemos con nosotros todo lo que nos pasó en la primera relación que tuvimos siendo adolescentes y que no supimos poner en un buen lugar. De repente la vida se vuelve pesada y no sabemos cuál dieta debemos hacer.

Pero muchas veces resulta mucho más simple de lo que parece. Se trata de cerrar, cerrar, cerrar. Soltar, dejar atrás y poner en un buen lugar lo pasado.

Poner en un buen lugar significa reconocer lo que sucedió para abrir un espacio en el corazón y en el recuerdo, y dejarlo allí. No significa olvidar, tampoco tratar de sentir que no pasó, no significa quitarle importancia, ni menospreciar lo que sentimos. Se trata de ponerlo en su lugar, un momento y un espacio que no es aquí y no es ahora.

Y para hacerlo tenemos un ritual muy hermoso que quiero compartirte hoy:

Paso #1: Mirar
Mirar significa darte cuenta de manera muy descriptiva el evento o situación que quieres dejar ir. Qué pasó, cómo te sentiste, cuáles fueron las circunstancias, qué significó para ti, cómo te afectó.

Paso #2: Reconocer y honrar
Se trata de darte cuenta para qué te sirvió, tanto el evento como esa etapa que estás cerrando. Qué regalos te dio, para qué te fue útil, con qué te puedes quedar que es valioso para ti. Esto te abre a la posibilidad de honrar la experiencia que te hizo ser lo que hoy eres.
La honra es tener la certeza en tu corazón de que esto fue tan importante para ti que hoy necesitas ponerlo en su lugar. Se hace con los ojos cerrados, con amor, sin mucho más, solo sintiéndolo y renunciando al deseo de cambiarlo.

Paso #3: Agradecer
Agradecer por lo que fue y por lo que hoy dejas atrás te abre ese espacio que sientes ocupado y pesado. Reconocer y darte cuenta de que dejarlo ir también es un regalo y que muchas cosas buenas resultaron de ese evento que pudo (o no) ser doloroso, resulta liberador. ¿Qué oportunidades te da? ¿Qué opciones tienes ahora que antes no tenías? ¿Qué eres que no eras antes y te gusta? Se trata de encontrar todo lo que puede generarte agradecimiento en esta situación (sin culpas).

Paso #4: Soltar, dejar ir
Llega un momento en el que sabes, tienes la certeza de que estás lista para despedirte. Hacerlo promete la posibilidad de ser libre. Decir en voz alta “Adiós. Gracias por haber sido parte de mi vida. Ahora sin ti soy suficiente. Yo Soy. Estoy bien, Estoy completa. Te suelto” te permite cerrar y tener espacio para volver a abrir.


Hoy al despertarme encontré en mi WhatsApp un mensaje de una consultante que quería contarme lo que sintió después de hacer este ritual. Lo primero que pudo reconocer es que no necesitaba sacar de su vida a la persona con la que quería cerrar el ciclo, sino que quería aprender a construir con ella una nueva relación, que podía evolucionar una y otra vez a medida que pasaba el tiempo. Me dijo: “Fue super lindo y super linda la magia que hubo, porque casi que al siguiente día pude tener una nueva comunicación con esta persona y en cada oportunidad crear una nueva relación. Ha sido muy bonito, gracias!”

A ella le funcionó, a mí también me ha funcionado cada vez que lo he hecho.

¿Cómo sería tu vida si empiezas a darle un lugar a todo lo que te pasa y abres espacio para lo nuevo, fresco y libre?


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