·amores caprichosos·

Solo se vive un momento…

Con la mente pasa algo muy interesante, aunque no siempre conveniente. Empecemos por entender algo: la mente fabrica pensamientos buscando darle calma al cuerpo cuando aquellos impulsos que se sienten por dentro, no están bien. Vivimos algo y lo sentimos en el cuerpo, experimentamos aquello que resuena con lo que llevamos adentro y la mente entra en estado de alerta, dice, tengo que pensar en esto.

Hace poco me pasó de nuevo, entré en ese círculo tan cerrado de idea, sensación, descontrol corporal, pensamiento, ilusión de peligro, fabricación de explicaciones, malestar por las respuestas creadas que por supuesto no fueron amorosas… idea, sensación, descontrol.

La mente hace todo esto porque aquello que vivimos podría resultar tan peligroso y el descontrol ante la vulnerabilidad es tan latente, que su sistema de pensamiento ilusorio tiene que generar ideas, aunque sean catastróficas. No sabe bien qué está pasando y se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: nadar en círculos alrededor de las ideas de aquello que pasa, porque le resulta imposible quedarse con la incógnita, la incertidumbre es su estado más desagradable, necesita alejarse de él… y entonces piensa.

Se empieza a inventar explicaciones de lo que está pasando, fabrica suposiciones acerca de lo ajeno, narra ideas que le dan sentido a lo que le pasa al cuerpo, ese cosquilleo, esa sensación de tener el corazón demasiado abierto, esa respiración acelerada que necesita salir hacia algún lugar. La necesidad de querer caminar y no parar porque quedarse quieto en medio del mar de pensamientos sí que resulta peligroso. El cuerpo pide movimiento y la mente se cree tan indefensa que trata de parar esta locura, trata de resistirse ante el simple hecho de vivir y busca escapar de las dos posibilidades que son las realmente cuerdas: soltar y aceptar.

Ahí estaba yo de nuevo y decidí que necesitaba tomar una decisión, pararme en la única posibilidad que sí resultaba totalmente amenazante, pero que yo sabía que era la verdadera: decidí tomar la invitación a soltar y aceptar. De no hacerlo, este amor resultaría muy caprichoso.

Mi incomodidad ante esta opción fue tal que empecé a producir la idea de que soltarlo era perder, y como me resisto a perder porque sé que tengo la posibilidad infinita de ser y tener todas las maravillas esperadas e inesperadas, no quise hacerlo. Me resistí a perder, pero la incomodidad no se fue, la mente no se calmó, la paz no llegó.

Así que recurrí al mensaje que tengo por todas partes, en los libros que estoy leyendo, en El Curso que sigo descubriendo, en las canciones que cambian la vibración de mi cuerpo y así por fin la calma llegó: nada de lo que soy y de lo que vivo es efímero, todo corresponde a este trazo de vida que yo puedo crear a cada paso, es mío y se moldea según como yo elija verlo. Voy a olvidarme de lo mal que se siente esperar, para que llegue el día al fin; voy a aceptar que me duele y que es incómodo, para poder reír y disfrutar de lo que hay; voy a olvidar que se siente como perder, para volver a ganar. Voy a dejarme ir, porque el mundo sabe lo que estoy haciendo. No buscaré más palabras ni tendré más pensamientos, porque sé que en la emoción está aquello que quiero vivir, y si lo siento, ya lo vivo. Voy simplemente a dejar que la energía fluya por mi cuerpo y miraré al cielo – con la luna llena de hoy que me tiene un poco loca – para darme cuenta de todo lo que me estoy perdiendo al quedarme en la fabricación de explicaciones que no son más que otra ilusión. Vuelvo a recordar lo que había olvidado y recupero lo que había perdido. Paro y me permito beber el momento. (No puedo darme crédito por estas últimas palabras, son de la canción que me está acompañando al escribir, en esta perfecta sincronía).

Todo lo divino y lo mundano, todo lo sagrado y lo material, todo lo bonito y lo feo, todo lo que se siente bien y aquello de lo que quiero huir, todo, todo está en mi mente y tengo dos posibilidades, o fabrico ideas ilusorias, o creo pensamientos con mi mente superior que me lleven a la paz. La segunda opción tiene un letrero de neon enorme que demarca el camino y es el que hoy elijo recordar: «SIMPLEMENTE CONFÍA«.


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