Written by

Cuando dejas de ponerte por debajo, el amor encuentra su lugar. Esta es una nueva manera de amar

A la persona que siempre está disponible, la que entiende, sostiene, espera. Aquella que calla para no incomodar. La que dice «yo estoy bien» aunque no lo esté. Incluso, la que reporta que le gusta mucho estar pendiente de todos, ayudar, estar al servicio de los demás, pero que en silencio y sin darse cuenta se siente sola, desatendida, exhausta, agobiada; quisiera preguntarle, ¿eso es amor… o es sacrificio?

Pues bien, la respuesta más precisa es que esto es sacrificio. Y no ocurre así porque lo queramos, no es un acto deliberado, para nada, se trata de la manera como nos han enseñado a amar por milenios y que se ha convertido en un problema porque no la hemos actualizado. Se trata de lo que nos han dicho, hemos creído y hemos pedido, por todos los años de la historia del amor. Se trata del deseo de que este – el amor – se materialice en una dinámica donde nos ponemos por debajo o por encima y le pedimos al otro que deje de ser lo que realmente es, para así creer que lo sentimos. Hemos entendido que así como el último gran mesías lo hizo (se sacrificó por «nosotros» y murió para salvarnos), es que tenemos que amar, pero resulta que ni era un sacrificio lo que él buscaba ni tampoco logró «salvarnos». En esa imposibilidad de cumplir con nuestra parte (la de ser salvados y buenos), es que nace la culpa, porque nos sentimos mal al no poder retribuir con felicidad o con bondad. Y es precisamente esa culpa la que alimenta el ciclo silencioso de sacrificio – creencia del amor – sentimiento de culpa – sacrificio… una y otra vez.

Pero entonces, aclaremos, ¿qué es el amor sacrificado? Se trata de aquella manera de vincularnos y de relacionarnos en donde se pone al otro por encima de uno mismo sistemáticamente, en donde confundimos la entrega con la anulación y hacemos lo que se supone que se debe hacer, porque «¿cómo no hacerlo?». Se trata de amar desde la culpa, el miedo o la deuda invisible. Es cuando sentimos que si no lo hacemos por el otro, si no nos sacrificamos, no somos suficientes ni merecedores de amor. Se trata de esta expresión de amor donde las frases típicas aparecen constantemente: «yo me adapto, no tengo problema», o «no importa», «yo puedo con todo», «primero el otro, los hijos, los padres, el jefe, el sistema».

Esto es el amor en sacrificio, aquel que no pasa por el lugar más importante que tenemos en nuestro cuerpo y que maneja la energía más poderosa que hay. Es por el corazón que todo debe pasar primero. El amor en sacrificio es ese que no se pregunta qué quiero yo con esto, qué opino de esto, cómo le pongo mi toque, como pongo algo de mí a esto, qué elijo yo en libertad. Solo cuando la vida de afuera (que incluye las relaciones) la pasamos por nuestro corazón y le ponemos de lo único y auténtico que tenemos, es que podemos amar en libertad, y no en sacrificio.

Y no hay que confundirse, esto no significa irse para el otro extremo donde todo se hace a mi manera, como yo quiero y porque yo quiero, no, para nada. Significa que nos encontramos en el medio (así como el corazón se encuentra en la mitad del cuerpo), donde nadie tiene que ponerse por debajo, sino que nos ponemos al lado, uno siendo al lado del otro que también está siendo.

En Constelaciones Familiares estamos todo el tiempo trabajando el orden y la manera como nos relacionamos con los otros, y es por esto que lo que buscamos es en últimas, la libertad. La libertad del amor. Esto implica dejar la antigua dinámica de ponerse por debajo (sacrificio), o por encima (salvador), porque allí es donde se rompe el orden y el equilibrio. Por supuesto nos hemos dado cuenta de que esta manera de amar la hemos aprendido en la infancia, cuando posiblemente aprendimos a ocupar el lugar de mamá emocional, o fuimos la persona fuerte del sistema, cuando las lealtades invisibles hacia aquellos que se sacrificaron en el pasado se mostraron latentes, cuando quisimos compensar el dolor por un padre ausente, o sentimos culpa por estar mejor de lo que estuvo la madre.

El sacrificio muchas veces no es por amor al otro… sino por lealtad a una historia que no es nuestra.

Y bueno, ahora la siguiente pregunta es ¿cuál es el problema en seguir amando así? Esta respuesta sí que es sencilla: el precio que se paga es demasiado alto. Sin darte cuenta, aunque en el fondo lo notas claramente, se construye un resentimiento silencioso, un cansancio crónico, una falta de deseo, una sensación de no ser vista, las relaciones se sienten desequilibradas, los hombres infantilizados y las mujeres agotadas. En cuanto a las relaciones de pareja generalmente ocurre un síntoma importante y es que el sacrificio rompe con el erotismo, porque no hay deseo donde no hay igualdad. Y aquí es cuando llegan los consultantes a querer hacer una constelación, lo cual es ¡maravilloso! Porque ya nos estamos empezando a dar cuenta de que no es sostenible, que no queremos más amar así aunque no sepamos cómo amar diferente. Aquí, en este punto, es en el que queremos dejarlo todo, irnos y acabar con lo que hay, pero afortunadamente antes de irnos ocurre un susurro que nos dice que podemos hacerlo de manera diferente, que podemos empezar a encontrar una nueva manera de amar, una que no sea tan caprichosa.

Una nueva manera de amar implica volver a tu lugar, al que sí te corresponde, aquel donde reconoces tu valor y, por lo tanto, te encuentras con tu amor propio. Implica salir del rol de salvadora y permitir que el otro cargue con lo suyo, devolverle su dignidad. Implica amar sin deuda. Elegir, no necesitar. Significa amar en libertad.

Para esta nueva manera de amar hay tres pilares claros:

1. Orden: Cada quien en su lugar. Dependiendo de la relación en la que estás, ocupas un lugar específico, como hija, como pareja, como empleada, como jefe, como amiga. Cada uno en su lugar con lo que tiene para dar a la relación, no se pide más, no se da de más

2. Autorresponsabilidad: No se carga con lo que no corresponde cargar, solo con propio. Así no me creo más grande, más fuerte, más capaz que el otro y dejo que haga su parte, con la dignidad de su existencia y haciéndose cargo de su propia vida.

3. Amor adulto: Doy desde la abundancia de mi ser, no desde la carencia de mi herida infantil.

«Amar es dejar aparecer» ¿Qué tal si empezamos a vivir como nunca antes hemos vivido?

Así, cuando dejamos de sacrificarnos, no dejamos de amar. Por el contrario empezamos a amar de verdad.



Deja un comentario