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Comprender la biología de la calma, para vivir la vida moderna sin perder la paz

La primera vez que medité tenía 5 años. Bueno, tanto como meditar no lo sé, pero sí la primera vez que me senté a mirar las estrellas, deliberadamente a oír mi mundo interior y reconocer cómo me sentía. Estaba de viaje con mi familia en una isla recóndita, en unas cabañas metidas en medio de la selva, abiertas y maravillosamente hermosas, donde las zarigüeyas se comían el mercado y en donde la noche traía el regalo más hermoso, un cielo cargado completamente de estrellas. En el hotel había una pareja más joven de la cual mis papás se hicieron amigos y otro montón de familias con hijos. En total éramos como 10 niños y niñas, cuando una noche aquella mujer que marcó mi vida, de la cual no tengo idea su nombre, nos invitó – a los niños – a que fuéramos a meditar. Recuerdo que nos sentamos todos en el suelo y ella simplemente nos pidió que miráramos el cielo, en silencio, que reconociéramos lo que nos pasaba al ver ese océano de estrellas y que respiráramos. Recuerdo la experiencia como si hubiera durado horas, seguramente fueron solo unos minutos, pero a partir de este momento quedó en mi existencia la impronta de la meditación.

Todos los años han pasado y he visitado este mundo de muchas formas, aprendido acerca de ella, practicando su grandeza. Y siempre he «sabido» que nos ayuda a calmar la mente y regular el sistema nervioso, lo que pasa es que nunca supe de qué se trataba o cómo lo hacía, hasta hace un par de semanas atrás. Empecé a leer acerca de los neurotransmisores. Dopamina. Serotonina. Adrenalina. GABA. Palabras que hoy circulan por todas partes y que están metidas en el libro que me compré hace un par de años acerca de la neurociencia, y que aún no he sido capaz de empezar a leer. El tema no es nuevo, mi manera de entenderlo sí lo es.

Pareciera que todos estamos tratando de “arreglar” nuestro cerebro. Pero entre más leía, más me daba cuenta de algo curioso: quizás nuestro sistema nervioso no está dañado. Quizás simplemente está sobre estimulado.

Por supuesto empecé a aprender acerca del tema porque algo me estaba pasando, y quería saber si era por aquí que podría darle la vuelta. Y con lo que leí y aprendí pude unir un montón de conceptos e ideas que ya conocía, pero que en el mundo del sistema nervioso y de la neurociencia encontraron orden, para mí. Así que con el permiso de todos, y de manera muy humilde, me permito escribir esta entrada en donde por supuesto no les habla una experta en el tema, pero sí alguien que encontró en esta información, entendimiento y paz, y sobre todo, un camino despejado para recorrer en conciencia.

Empecemos: El cerebro humano evolucionó en un entorno radicalmente distinto al que habitamos hoy. Durante cientos de miles de años nuestra vida tenía:

•⁠ ⁠ritmos más lentos
•⁠ ⁠estímulos más espaciados
•⁠ ⁠movimiento físico constante
•⁠ ⁠contacto social directo
•⁠ ⁠ciclos claros de luz y oscuridad

Hoy, en cambio, vivimos rodeados de estímulos que activan continuamente los sistemas químicos del cerebro. Cada notificación, cada scroll, cada alimento ultraprocesado, cada noticia urgente… todo eso provoca pequeñas descargas de dopamina, adrenalina o cortisol.

El problema no es que estas sustancias existan. El problema es la frecuencia con la que las activamos.

Esto nos pone en un escenario interno donde podemos reconocer que el sistema nervioso no está dañado, está sobre estimulado y allí es donde está la nueva posibilidad. Se trata entonces de incorporar una serie de prácticas desde la conciencia que se dirijan a la constante regulación del sistema nervioso, para que la bioquímica del cerebro haga su trabajo en orden, y para que podamos seguir recorriendo los andares de la existencia moderna, en paz.

Un poco de contexto:

El sistema nervioso está en todo nuestro cuerpo y es una red completa. Se divide – según su ubicación – en el central y el periférico. El central está compuesto por el cerebro (el centro de control, que interpreta y decide) y la médula espinal, que podríamos decir que es la autopista por la que opera el centro de control. No solo transmite información, sino que también procesa reflejos y respuestas rápidas. Allí es donde se procesa la información que manda el cerebro. El periférico son todos los nervios que salen del cerebro y la médula hacia el resto del cuerpo. Son las calles que llegan a cada órgano, músculo y rincón del cuerpo.

Ahora, el sistema nervioso se divide en dos según su función: somático y autónomo. El primero controla todo lo voluntario en nuestro cuerpo, como mover los brazos, caminar, escribir, etc, aquello en lo que decidimos. El segundo controla lo involuntario, como los latidos del corazón, la digestión, sudoración, respuesta al estrés, aquello en donde no decidimos.

… vamos llegando a donde nos interesa llegar en esta entrada …

El autónomo se divide en dos, el simpático y el parasimpático. El primero tiene que ver con la activación del cuerpo y de la mente, y el segundo con la calma y relajación del cuerpo. Y adivinen la meditación ¿por qué hace que haya calma y regulación de la mente y del sistema nervioso?, pues porque al meditar y tener una serie de hábitos específicos, el parasimpático se activa y se convierte en un freno suave y regulador del sistema nervioso activado.

Los neurotransmisores son sustancias químicas que usa el sistema nervioso para funcionar. El cerebro con ellos envía órdenes, siente emociones, mueve el cuerpo, procesa recuerdos. No son buenos o manos, son reguladores.

De este modo:
* El sistema nervioso es la red.
* El cerebro es el centro principal de la red.
* Los neurotransmisores son los mensajeros químicos que hacen que la red funcione, entregan tal o cual mensaje al resto de los sistemas del cuerpo para que hagan tal o cual cosa.

Son muchos, pero lo que más nos interesan aquí son:
* Dopamina: química de la motivación y la recompensa. Participa en el aprendizaje, el movimiento y la anticipación a la recompensa. Cuando está baja, empezar tareas es imposible y lo que amas pierde sabor.
* Serotonina: química del ánimo y la resiliencia. Cuando está baja el ánimo decaído persiste y todo se siente gris.
* Oxitocina: que también se presenta en forma de hormona, pero cuando actúa como neurotransmisor, tiene que ver con el vínculo y el apego, la confianza, la calma social, la percepción de seguridad, la cercanía y conexión.
* GABA: química que calma la ansiedad, las emociones, ayuda a dormir.

Y está nuestro conocido Cortisol, que no es un neurotransmisor, sino una hormona que se produce en las glándulas suprarrenales, y es parte de la respuesta al estrés. Ayuda a responder a los desafíos, pero cuando se mantiene elevado siempre estamos en alerta, como si el tigre que nos quiere comer estuviera en frente 24/7.

Habiendo explicado un poco de lo que tenemos por dentro, llegamos a aquello en lo que podemos trabajar. El problema de todo esto es que lo que pasa afuera, la vida real de cada uno de nosotros, está siendo interpretada a través de nuestros pensamientos de una manera no tan fiel a la realidad y eso hace que la química que producimos y el sistema nervioso se mantengan en constante desregulación y agotamiento. Es como si viviéramos en una carrera de supervivencia constantemente, y el mecanismo de control está recalentado y a punto de estallar. La solución no está en meter el mecanismo a una nevera para que se enfríe, sino en explicarle que está operando de manera inadecuada. Por lo tanto, la solución para nuestra continua incomodidad, estados constantes de ansiedad, estrés, desconexión, funcionamiento errático de procesos vitales como la digestión, el sueño, la nutrición, la regulación de los estados emocionales, no está – o al menos no necesariamente – en terminar con la relación etiquetada como «tóxica», ni renunciar al trabajo, ni en irnos para el otro lado del mundo, tampoco en tomar licor en grandes cantidades para desestresarnos, ni montar en bicicleta 5 horas para liberar la tensión, no está en consumir aquella sustancia que nos da calma ni acostarnos a ver tv para no pensar. Todo esto sirve, claro, para escapar, pero no para asumirnos desde la conciencia y transformarnos desde la raíz. A veces cambiar el entorno es necesario, pero muchas veces el primer trabajo está en cómo regula nuestro sistema nervioso lo que vivimos.

Y la verdad lo que podemos hacer es más sencillo de lo que yo creía.

Este tema es tan largo que lo dividiré en dos entradas, pero por ahora quiero dejarte con una idea de pequeños hábitos que empiezan a bajarle la estimulación constante del sistema nervioso:

1. Alternar la activación del sistema con descargas del sistema, microrregulaciones: se hace a través por ejemplo de la respiración, donde la exhalación sea más larga que la inhalación, varias veces al día y de manera consciente. También del descanso, del contacto u observación consciente de la naturaleza.

2. Reducir los picos innecesarios de dopamina: se logra completando tareas y ciclos diarios, no fragmentando (multitasking). Dejar de hacer un goteo infinito de las operaciones diarias.

3. Actividad diaria sin rendimiento: se refiere a incorporar prácticas diarias de alguna actividad que se hace solo porque sí, con el entendimiento de que no todo es un logro ni tiene que tener eficacia.

4. Ventanas sin input: durante el día, tener algunos momentos sin audio, sin conversación, sin información, sin estímulo. Se llama el estado de contemplación, que básicamente es la imagen del costeño en el patio de su casa, mirando el palo de mangos, sentado en una mecedora, mirando «pa´ya».

5. Reír, abrazar, estar con otro sin resolver nada.

6. Movimiento regulador: estirar, respiración larga, balanceo suave. Todos durante unos minutos al día.

7. MUY IMPORTANTE: contacto contigo mismo sin exigencia. Darte un momento de acompañamiento en consciencia sin tener que arreglar ni ser nada más que lo que eres.

8. Activar el nervio vago: De esto hablaré en la siguiente entrada.

¿Qué es entonces lo que hacen todos estos pequeños hábitos diarios en nuestro cerebro y sistema nervioso?. Darle un mensaje constante y permitir que entre en un estado natural.

Mensaje: No hay peligro ahora.
Estado natural: Seguridad.

Así que podemos darnos cuenta de que el problema no es el químico que se supone se arregla con los suplementos, la obsesión por optimizarlos, etc. El problema es el ambiente, el entorno y los pensamientos que surgen de esto. Equilibrando de adentro hacia afuera nos conectamos con lo que el cuerpo sabe hacer, que es volver a la calma. El sistema nervioso es adaptativo y puede regularse, no necesita perfección, sino ritmos humanos coherentes.

Tal vez el problema no es que nuestro sistema nervioso esté roto, y mucho menos nosotros, sino que estamos intentando vivir a una velocidad para la que el cuerpo humano no fue diseñado. El sistema nervioso no es un problema a resolver, sino un organismo vivo que busca, una y otra vez, regresar al equilibrio. Conocerlo nos permite convertirlo en nuestro mejor aliado.

Al final, no es que esté encaprichado, es que no lo hemos entendido bien y no le hemos dado lo que necesita.

(En la próxima entrada hablaré del nervio vago, y cómo se convierte en uno de los principales aliados en la regulación del sistema nervioso)

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