·amores caprichosos·, Bienestar Consiente, Hábitos amorosos y saludables, Maternidad, Meditación

Cómo conocí ho’oponopono

Había oído de qué se trataba pero la verdad no me hacía mucho sentido. Un día, en medio del caos de mi estado de recién materna, devolverme a vivir a Colombia, encontrar casa nueva en Bogotá, lidiar con la falta de sueño de Joaquín, llevar más de un año sin haber dormido ni una sola noche completamente; creí que la locura se iba a apoderar de mí y esta vez era en serio. Sentí como si mi mente poco a poco se estuviera disolviendo y las partículas de mi existencia, las que alguna vez hicieron que yo fuera yo, se iban volviendo polvo adentro. Vivía cada día intentando pegar con Colbón los pedacitos que nadaban en un aire espeso y desorientado. Y como caída del cielo llegó mi amiga a recomendarme algo que le estaba ayudando mucho en sus propios momentos de casi locura.

Se llama Ho´oponopono y es una herramienta, un proceso de cura de origen hawaiano que nos pone en una intención de reconocer nuestra absoluta responsabilidad en la situación que nos está causando algún tipo de sufrimiento y a través del uso del método, podemos soltarla, transformarla y empezar a mirarla de otra manera, de una que sí sea útil.

Las cuatro palabras o frases que se usan tienen una profundidad que no alcanzaré a explicar en esta entrada, pero siempre podrás saber más acerca del tema. Hay un e-book que me gustó mucho que se llama “Ho’oponopono – El E-Book”.

Se inicia diciendo la siguiente frase: “Espíritu Santo, por favor limpia en mí lo que sea que esté contribuyendo con esta situación (y se especifica la situación). En mi caso era que mi vida se estuviera sintiendo al revés, que me sintiera tan perdida y que Joaquín no durmiera. ¿Tiene poco sentido verdad? ¿Dónde está mi responsabilidad en que Joaquín no duerma? Pues bien, aquí esta la clave: Mi responsabilidad no está en que duerma o no lo haga, sino en la manera como yo hago de esta situación mi única realidad, de modo que me paro en el banquillo de víctima y siento que mi vida ha perdido todo el control debido a esta situación abrumadora. Mi responsabilidad está en que parada desde allí no logro ver otras opciones, ni pedir ayuda, ni descansar cuando puedo hacerlo, porque lo único que veo es el caos, la oscuridad. En el momento en que le pido al Espíritu Santo (es decir, a esa divinidad que habita dentro de mi, que sabe lo que es real y no, que es mi verdadera esencia de luz y que me acompaña para recordarme el camino de vuelta al amor) que me ayude a limpiar ese estado y lugar de víctima, reconozco que eso es lo que contribuye con la situación y obstaculiza la solución. Esta es la parte más difícil. Una vez logrado, lo que sigue es pan comido.

Las siguientes palabras, al decirlas me las estoy diciendo a mi misma:
· “Lo siento mucho”: Lo siento, porque al ponerme en esta situación estoy parada desde mi oscuridad y no puedo estar alineada con la luz que realmente soy, y con ese lugar de potencialidad infinita al que siempre puedo acceder.
· “Perdóname”: Me perdono a mí misma por haberme puesto en esta situación de sufrimiento.
· “Te amo”: Me amo y amo también ese pedazo de mi que es humano y oscuro, y que de alguna manera le cuesta trabajo retornar al amor.
· “Gracias”: Gracias porque a partir de esta situación que me estaba causando sufrimiento es que puedo reconocer lo que debo sanar y puedo seguir avanzando en mi proceso de evolución espiritual.

Mi proceso de evolución ha tenido una palabra que lo ha acompañado siempre, y es víctima. Empecé a dar pasos escalonados el día que entendí que cada vez que me pongo en este lugar – que ha sido muchas veces y que lo hago porque fue lo que aprendí a hacer para sobrevivir – pierdo, pierdo tiempo y energía. Ahora tengo una gran habilidad de reconocer rápidamente cuando estoy navegando en sus aguas, y no siempre logro salir fácilmente de ellas porque aunque dolorosas, son también dulces y cálidas.

Entonces en ese tiempo me dediqué a repetir estas palabras en mi mente una y otra y otra y otra vez, y poco a poco fui encontrando una nueva realidad. El mundo seguía igual, pero mis ojos veían diferente. Empecé a encontrar opciones para cambiar mi caos y realmente funcionaron. Tuve que hacer la tarea, el trabajo de ser consciente del lugar que estaba habitando mi mente y mi emoción, y lo solté. No fue rápido pero funcionó.

Si el Ho´oponopono pudo ayudarme a recobrar la compostura emocional y mental en uno de los tiempos más difíciles de mi vida, imagina lo que podría hacer por ti en estos tiempos en donde el miedo nos persigue y queremos a toda fuerza dejarlo atrás, pero como no podemos salir corriendo para ningún lado, nos cuesta trabajo soltarnos de sus garras. En estos tiempos en los que el amor nos pide a gritos que le quitemos el capricho pero que con cada nueva noticia del Gobierno o estadística de la OMS se vuelve a encaprichar. En estos tiempos en los que la casa se siente chiquita, el aire se vuelve pesado, la calma toma un gran valor, y la mente se cansa de ir y venir entre la luz y la oscuridad, entre la apreciación y el cansancio, entre la humanidad y la divinidad. Solo debes empezar por la frase inicial con una intención genuina de reconocer tu aporte en tu dolor. Si sientes que aún no logras reconocerlo, pon la intención de querer hacerlo, en principio bastará. Luego repite una vez las 4 frases completas (es decir con la explicación para ti de cada una y de la situación). Respira profundamente y quédate un tiempo, tanto como quieras repitiendo “lo siento mucho, perdóname, te amo y gracias”, una y otra vez… Confía en mí, los Milagros empezarán a llegar, pero no los que nos prometieron que son mágicos y cambian la situación, sino aquellos que no son más que un cambio en la percepción, el Verdadero Milagro!

Muchas veces pienso que todo lo que he vivido en mi vida ha sido la preparación para estos tiempos caprichosos, y recuerdo que la frase no es “todo tiempo pasado fue mejor”, sino “todo tiempo futuro podría ser peor”, así que apreciar el hoy y dejar de contribuirle al sufrimiento es nuestra mejor opción.

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